“Nunca subestimes los efectos del caos en tu vida”.
Karen Kingston, Hogar Sano con el Fehg Shui.
Si tu costumbre de guardarlo todo es, si no congénita, de esas que se remontan a la noche de los tiempos, no podrás ordenar tu despacho o tu casa en pocos días. Acuérdate de preguntarte: “¿Hay algo en casa o en el trastero que no necesites?”. Se trata de una prueba realmente difícil. Es increíble lo que una persona puede acumular a lo largo de los años. Del mismo modo que no se puede pretender perder peso de un día para el otro, tampoco es lógico creer que podrías ordenarlo todo de una vez.
Me animo mucho leer que Alexandra Stoddard, la autora de living a Beautiful Life (vivir una vida maravillosa), pone orden una vez al mes. Es un proceso constante. Como sucede por lo general, todo se facilita con la práctica. Pronto percibirás la señal de alerta y te encontraras pensando: “Bueno… esto podría servirme algún día…”, O: Esto me recuerda a alguien que quiero” y en ese momento sabrás de inmediato que debes arrojarlo a la basura.
El proceso de limpieza parece perpetuarse por sí mismo. Una vez que tomas conciencia de que puedes vivir sin tantas cosas, es más fácil dar los pasos siguientes y hacer una valoración real de ciertos objetos que jamás hubieses pensado desechar. El primer paso que dio Ed, uno de mis clientes, fue tirar todo lo que no ha utilizado en los últimos seis meses. Le regalo la olla eléctrica de cocción lenta a una hermana y el robot de cocina a otra. Ed tenía esos pequeños electrodomésticos guardados en un armario porque en su cocina no cavia ni un alfiler. De ahí en adelante se produjo un fenómeno interesante: comenzó a valorar más el espacio que las cosas. De hecho, empezó a sentí que las cosas invadían el espacio. Fue una gran transformación, teniendo en cuenta que su pasión por atesorar era tal, que tenia cantidad de cosas que no valían ni un céntimo amontonadas en el trastero. Pronto sintió los beneficios. Su armario de archivos en el despacho tenía lugar para los documentos nuevos. Cuando necesitaba algo, podía encontrarlo fácilmente en minutos, en lugar de horas buscando en la maraña de papeles de su escritorio. En su casa, Ed podía abrir la puerta del armario sin que se le cayese nada en la cabeza. Pensaba con mayor claridad, y comenzó a darse cuenta de ciertas cosas que antes no había percibido.
Entonces conoció a una mujer que inmediatamente le gusto, y por una vez sintió vergüenza de invitarla a su casa después de una salida romántica. Siguió recordándose a sí mismo que las cosas no son más que cosas. Un proverbio chino nos ayuda a ver las cosas en perspectiva:”Pretender satisfacer los deseos con la posesión es como utilizar una varilla de bambú para apagar un incendio”. Para eliminar lo innecesario utilice un ardid muy sencillo: guardar solamente dos cosas extra. ¡Todo un acierto! Ya no necesito ponerme a pensar para decidir que debo desechar. Aun así, sentía claustrofobia en mi propia casa, invadida por tantas cosas inútiles que me agobiaban, por bellas que fuesen. Tener demasiado pude llegar a ser terrible como tener poco.
Tenía seis almohadas para mi cama de matrimonio, y tres cojines de decoración. De acuerdo con la formula “solo dos cosas extras”, necesitaba dos almohadas para mí y dos más para mis invitados, es decir, cuatro. De inmediato le di un par a una amiga que las necesitaba. Aplique el mismo principio para la ropa de cama. De pronto tenia espacio de sobra para guardar las sabanas.
Esto es coherente con la máxima: “menos es mas”. Menos objetos equivalen una mayor energía disponible. Otro ejemplo sería el de cierta religión, cuyos adeptos se viste solo con un taparrabos. Puesto que aprecias las cosas materiales, no digo que llegues a ese extremo, pero guarda solo aquello de lo que en verdad disfrutes. Elimina todas aquellas pertenencias que ya no tienen sentido para ti o que no te ayudan a sentirte mejor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario