viernes, 28 de junio de 2013

Haz cada día algo que te haga ilusión


“La vida no es solo cerveza y bolos, pero la cerveza y los bolos,  a lo mejor del mismo tipo, deben construir buena parte de la educación de cada persona”.
Thomas Hughes.
Es increíble lo aburrida y monótona que puede llegar a ser nuestra vida si no tenemos algo que nos ilusione.  Esperamos demasiado tiempo  para tomarnos  esas vacaciones una vez al año, o para celebrar algún acontecimiento especial. Eso no es suficiente. O quizá si lo sea, pero realizarse plenamente no solo es tener suficiente, sino vivir en abundancia. Necesitas abundancia de buenas cosas que te ilusionen, como mínimo una cada día. No dejes de lado las pequeñas cosas, que suelen ser las más gratificantes.
Para que comiences a pensar,  he aquí algunas cosas que podrían hacerte ilusión: media hora a solas, un paseo por el bosque con la persona que amas, una vuelta en bicicleta por el parque, regalare un hermoso ramo de flores a tu esposa o tu marido, alquilar un video de una película antigua y verla comiendo palomitas con tus amigos,  tomar un baño de espuma masajeándote con una esponja natural,  abrir una botella de champan y celebrar la puesta de sol, pasarte unas horas en el garaje reparando en coche, comprar unas flores para tu despacho para alegrarte el día, escribir un diario, llevar bombones al trabajo y saborearlos con tus compañeros, invitar a comer a tu secretaria, jugar un rato a tu deporte favorito.
Mas sugerencias: llamar a uno de tus amigos de quien hace tiempo que no tienes noticias; invitar a tu jefe a comer o tomar una copa después del trabajo; dar una vuelta en moto;  comprar una revista que nunca hayas leído antes; comer tu plato favorito; pasártelo bien almorzando con uno de tus compañeros de trabajo;  ver una obra de teatro, una ópera, o una orquesta de jazz;  contratar una asistenta y encontrar la casa limpia cuando abres la puerta de la casa después de un largo día de trabajo; ir a un nuevo restaurante.
Cada día necesitas algo que te haga ilusión, Anótalo  en tu calendario si es necesario,  pero asegúrate  de que cada día tienes algo especial que te espera. Esto hace que los días más monótonos sean divertidos, y evita el aburrimiento  y el desinterés por la vida, que siempre te ofrece infinidad de cosas maravillosas.
A veces, en lugar de muchas cosas pequeñas, la ilusión por algo grande puede crear una situación muy distinta. Byron, un hombre de cincuenta y seis años, propietario de una empresa, tenía sus días tan ocupados y con tanto trabajo, que no disponía de tiempo para cualquier tipo de diversión.   Pasaba por una  depresión y visitaba a un psiquiatra. Le sugerí que se dedicase a algo que le hiciera ilusión, que diese valor a su vida. No era un hombre muy optimista, pero entonces sucedió algo casi milagroso. Encostro una casa en la montaña y le encanto.  Le dio ánimos.  Pensó que podría escribir un libro en esa casa, que estaba situada en uno de los parajes más bellos del lugar. Compro la casa y toda su actitud dio un giro radical. Ahora tenía algo que le ilusionaba, un objetivo que hacía que su vida mereciese la pena. Hoy en día, si bien tiene todavía muchas dificultades, Byron siente que, aun en el peor de los casos, podría soportar lo que fuera porque tiene esta casa en la montaña para vivir allí si lo desea.
Marjorie llevaba una vida esplendida. Compartía una hermosa casa con su novio, que la quería y la apoyaba. Acababa de iniciar un nuevo negocio que le entusiasmaba y asistía a cursos que le interesaban. Pero un día, al despertar, descubrió que no quería levantarse. Le sugerí que diseñara su mañana ideal. A la semana siguiente, me la trajo: Quería levantarse a las ocho de la mañana y hacer veinte minutos de meditación. Luego, pasear por el bosque cerca de su casa durante media hora. Entonces, tomaría una ducha y se comería unas magdalenas recién sacadas del horno, acompañadas de té,  en el porche, mientras escribía su diario. Comprendió que necesitaba un cierto tiempo de serenidad y soledad por la mañana, para pensar y planificar el día. También se dio cuenta de que todos los elementos de su mañana ideal eran perfectamente posibles.  Ahora Marjorie está contenta de levantarse y comenzar el día porque se concede el tiempo que necesita para sus pequeños placeres. ¿Cuál es tu mañana ideal? ¿Cual es tu noche ideal? ¿Como seria tu vida si comenzaras cada día con una maña ideal y lo terminaras con una noche ideal? Concédete todos estos elementos que puedas de tu día ideal y te sentirás mas feliz que antes y tu día estará mejor organizado. Tomate unos minutos ahora para describir por escrito tu día ideal con todo detalle, desde el momento en que te levantaste por la mañana hasta que te duermas por la noche.  Recuerda que esta es tu día ideal, de modo que no te limites en ningún sentido.

jueves, 27 de junio de 2013

Todo es bueno, incluso lo malo


“No me queda ni uno solo de mis grandes enemigos. Todos han muerto. Los extraño muchísimo, porque  gracias a ellos me conocí mejor”.
Clare Boothe Luce.
Es fácil tener una actitud positiva si comprendes que todo tiene su lado bueno,  incluso lo más desagradable. Para apreciar lo bueno de la vida en toda su plenitud, tenemos que experimentar también su opuesto. Veamos, por ejemplo, la felicidad. Si nunca sintieses tristeza, ¿Seria la dicha tan maravillosa? Si el mal no existiese, no podrías escoger el bien. Uno de mis colegas siempre dice: “La desdicha no nos cae encima; la atraemos para aprender una lección”. Cuando tenía cinco años, sufrí de unos dolores de oído terribles, y muchas  veces debía  guardar cama.  Era horrible.  Odiaba quedarme echado en la cama,  y recuerdo que estaba desesperado por salir a jugar. Un día comprendí que la enfermedad  tenía un aspecto muy bueno. Gracias a ella, podría apreciar lo maravilloso de estar sano. Esto es valioso para todos los aspectos  de la vida. Si solo tuviésemos días soleados, los daríamos por descontados. Cuando llueve,  apreciamos  los deliciosos días de sol. En cierto sentido, entonces, todas las cosas son buenas.  Necesitas el mal para conocer el bien. Necesitas la cólera para saber lo que es la serenidad.  Desde que comprendí esto, a los cinco años, supuse de un  modo natural que todo el mundo tenía esa visión de las cosas. Ahora veo que pocas personas,  en realidad, la tienen. Ver el lado positivo tiene numerosas ventajas:
1.       En lugar de quejarte, aprovecharas los buenos aspectos de la situación.
2.       No te quedaras mucho tiempo en esa mala situación porque no te resistirás a ella. Aquello a lo que te resistes, persiste. Por lo tanto, simplemente te pondrás en acción.
3.       Aceptaras mejor las emociones que experimentes. Cuando estés triste, vivirás plenamente tu tristeza. Cuando te enfades, vivirás ese en fado. Cuando te sientas feliz, gozaras de esa felicidad.
4.       No tenderas a emitir demasiados juicios críticos sobre los acontecimientos. La vida es la vida. Se trata solo de algo que está pasando. Todo lo que sucede es instructivo de una manera u otra. Forma parte de la totalidad de la experiencia vital. En un mundo donde nadie enfermase jamás, no podríamos apreciar la salud. Todos la tomaríamos como algo normal. Quizá lo malo sucede parar que puedas agradecer lo bueno. Es solo una sugerencia.
En cualquier caso, las personas optimistas tienden a ser más felices y a tener éxito en la vida. ¿Por qué no darle una oportunidad al optimismo? Comienza a ver lo bueno en todo aquello que  aparentemente es tan negativo. Tómatelo como un reto.
Leí una historia muy interesante en el Wall Street  Journal.  Hablaba de la inundación que arraso Missouri en 1993. El titular decía “El auge comercial de una ciudad de Missouri tiene su origen en una inundación. Los empleados de  Chesterfield utilizan un diluvio como oportunidad para reconstruir las empresas”. La ciudad de Chesterfield había sido devastada  debido a una  situación del rio Missouri que lo inundo todo.  Dos mil quinientas personas fueron evacuadas. Unas pocas intentaron salvar sus bienes, incluyendo al señor Hoffman.  Que trato desesperadamente y sin éxito de salvar su  negocio de recambios de automóviles.  A la mañana síguete, toda la maquinaria estaba bajo el agua y el mismo tuvo que salir por una ventana del segundo piso.  Su empresa sufrió una pérdida de treinta y tres millones de colares, de los cuales el seguro solo pago un tercio. El desastre de Chesterfield formaba parte de una gran inundación que asolo el medio oeste en 1993. Fue tal el grado de  destrucción,  que un tercio de los empresario dejaron la ciudad, abandonado sus firmas arruinadas. Tres años más tarde, los que se quedaron, resistiendo el embate, declararon que el auge comercial se  había producido gracias  a la inundación.  “Es lo mejor que ha sucedido jamás”. Dijo el señor Hoffman, que había aumentado su personal de 125 a 350. Un distribuidor de artículos de jardinería afirmo: “La inundación fue una buena cosa”. Si bien el precio emocional y material que pago la comunidad por el desastre natural fue alto, la experiencia prueba que cuando “Los propietarios se toman el desastre natural como un obstáculo a superar, en lugar de considerarlo al final trágico de sus empresas, los resultados pueden llegar a ser sorprendentes… En algunas empresas, la tensión fiscal  de la limpieza dejo fuera a los empleados perezosos, pero creo un vínculo muy intenso entre los trabajadores que se quedaron. En otras,  el hecho  de sobrevivir a la crisis infundio una nueva seguridad a la hora de proponerse una expansión de las operaciones o impresiono tanto a los clientes que decidieron hacer  pedidos mayores. Al enfrentarse a la reconstrucción, algunos propietarios reestructuraron las operaciones,  compraron mejores equipos o hicieron inversiones que habían estado posponiendo. De modo que ya ves, incluso en las malas situaciones, todo de pende de tu manera de verlas.
“Es el significado que damos a la experiencia”

miércoles, 26 de junio de 2013

Eleva el nivel de lo que consideras aceptable.


“Vivir es el proceso de llegar a ser, una combinación de estados por los que tenemos que pasar. Las personas fracasan porque escogen uno de esos estados y se queda en el, lo cual,  en cierto modo, representa una especie de muerte”.
Anaïs  Nin.
La otra cara de la moneda en el tema de los  límites es tu manera de actuar con respeto a los límites ajenos. No tiene mucho sentido que pongas límites para evitar comentarios despectivos si, al mismo tiempo, tú haces ese tipo de comentarios sobre los demás. Lo correcto es que, al ampliar los limites que quieres que los demás respeten, amplíes los que tú debes respetar.  Tú puedes elevar el nivel de lo que consideras aceptable. Por ejemplo, yo siempre digo la verdad, solo doy informaciones constructivas,  me alimento con comidas nutritivas, nunca levanto la voz, siempre soy puntual y no doy consejos a menos que me los pidan. Escoge comportamiento que te sientas capaz de adoptar y no aquellos que pienses que “deberías” adoptar.  Haz una lista de las personas  a las  que admiras. Anota sus mayores cualidades  y reflexiona acerca de su manera de comportarse. Ahora anota las pautas de conducta que te gustaría adoptar. Paul, un ejecutivo de una agencia de publicidad  muy ocupado, siempre llega tarde. Ni siquiera era puntual para acudir a las reuniones de su propio equipo. Incluso sus amigos daban por hecho que llegaría tarde. Muchas personas cometen el error de creer que si llegan tarde, darán la impresión de ser gente importante que tienen muchas obligaciones. Hacer esperar a los demás es una manera de controlarlos. Esto era, precisamente, lo que Paul hacia de un modo inconsciente para tener  el control. Era una costumbre muy fastidiosa.
Le pedí que elevara el nivel de lo que consideraba aceptable y llegara siempre puntual a sus reuniones y compromisos. Por primera vez, llego antes de tiempo a una de sus reuniones. Como es de suponer, su equipo, seguro la impuntualidad de su jefe, llego tarde. Grande fue su sorpresa al verlo sentado esperándoles. Una o dos personas comentaron algo. Lógicamente, tendrá que pasar algún tiempo hasta que la gente comprenda que ahora Paul es puntual, pero de todos modos, ya se lo toman más en serio. Elevar el  nivel de lo que consideras aceptable tiene la misma importancia en tu vida privada. Margo, una clienta mía que trabaja en el negocio de la moda, se quejada constantemente porque  siempre  atraía a hombres que no la trataba con respeto. Uno en particular, un antiguo novio, la llamaba y la invitaba a comer pizza y a ver un video en su casa. La invitación incluía, implícitamente, el sexo. Como no tenía  otra cosa  que hacer, Margo aceptaba. Terminaba la cita, se sentía invariablemente muy mal consigo misma: utilizada, fácil, desvalorizada… Le dije que no era la cuestión. Margo era muy guapa y una persona muy agradable.  No había nada que reprocharle. Su problema era simplemente un bajo nivel de lo que consideraba aceptable. La siguiente semana  no dejo de reflexionar sobre el problema. Cuando su ex novio volvió a llamarla, declino la invitación. Bromeando un poco y sin creérselo ella misma, le dijo no gracias. He elevado un nivel  de lo que considero aceptable. En las semanas  que sigueri empezó a atraer hombres aceptables que querían salir con ella y la trataba con respeto y cortesía. Su nivel de lo que consideraba aceptable había pasado a ser, en ese terreno: “Solo salgo con hombres que me tratan muy bien”. No es algo difícil; muchas veces, es solo cuestión de proponérselo.

martes, 25 de junio de 2013

No Ignores lo pequeño


“Para llevar a cabo grandes empresas, el primer requisito es tener confianza en uno mismo”.
Samuel Johnson.
Este consejo hace milagros para adquirir más confianza en notros mismos. El poder, la seguridad y el éxito son elementos que van todos de la mano. El secreto es no dejar pasar por alto el menor detalle: acostúmbrate a pedir explicaciones en el momento sobre lo que te molesta, o tan pronto como sea posible y adecuado. Parecerá fácil dejar que los pequeños comentario negativos y las indirectas sutiles te resbalen y no produzcan, en apariencia, efecto alguno. De modo que muchos de nosotros caemos en el error de asumir que es mejor dejar pasar esa pequeñeces y guardar nuestra energía para las grandes cuestiones. El problema con esta forma de ver las cosas es lo que cuesta.  Todos eso comentarios insignificantes se acumulan y minan tu autoestima. No ignores lo pequeño. Si lo haces, terminara por ser una montaña y explotarías. Hay que reaccionar e informar a la otra persona en el mismo momento: “¿Te das cuenta de que dejaste los platos sucios sobre la mesa?”. No hagas lo que yo solía hacer, o sea, recogerlos y decirme: “Bueno, es solo un pequeño detalle”. Y me apuntaba un punto por ser el bueno de la película. Deja de hacer el papel de santo o la santa y comienza a informar a los demás de lo que te fastidia.
Las personas verdaderamente grandes no toleran las conductas desagradables. Si un compañero o compañera de trabajo te hace alguna observación negativa del tipo: “Realmente no heces más que tonterías”, en lugar de dejarlo pasar, simplemente dile: “¿Te das cuenta que eso ha sido un comentario hiriente?”, o “Oye, eso me ha dolido”, o bien la respuesta que sirve para todo: “Esa observación no tiene sentido”. No es muy difícil acabar con esos comentarios destructivos, vengan de los amigos, la familia,  los compañeros de trabajo o completos desconocidos. Solo hace falta un poco de práctica, pero si sigues el modelo de comunicación en cuatro pasos (consejo 6) y mantienes tu voz en un tono neutro, pronto veras que la gente no volverá a molestarte con ese tipo de descalificaciones. Nunca más volverás a ser el bueno o la buena, pero mantendrás tus relaciones claras y tu autoestima elevada.
A medida que comiences a poner tus limites, también serás consiente del gran numero de comentarios y observaciones desagradables que has tenido que soportar. A la mayoría de nosotros nos enseñaron  que no hacer caso de ello es ser amable. No estamos acostumbrados a poner las cosas en claro sobre la marcha. De modo que al principio es probable que pierdas la oportunidad de hacerlo en el mismo momento que sucede. June, una de mis clientas, estaba aprendiendo a bailar el swing de la costa oeste.  Se deslizaba por toda la sala con su amigo, que sabia llevarla, de modo que june daba la impresión de bailar muy bien. Un hombre vino y la invita a bailar, y aparentemente, ella no podía seguirlo. El  hombre estaba muy frustrado por la inexperiencia de su compañera, así es que le dijo: “Oye, que torpe eres”.  June quedo tan afectada por ese comentario, que no pudo responderle en absoluto. Más tarde, comprendió que podría  haberle informado en un perfecto tono neutro: “Tu comentario ha sido muy grosero”. Ahora, June sabe enfrentarse a las situaciones en al acto. Justamente, hace unos días me dijo con gran regocijo que había reforzado un límite en su trabajo. Su jefe se había ido de vacaciones, dejando a su hijo, un muchacho de edad universitaria, para que se ocupara del negocio. Sintiéndose henchido de poder, ese chico comenzó a criticar a los empleados y a lanzar pequeños comentarios sarcásticos. Mi clienta se sentía muy molesta, porque se daba cuenta que esa conducta no era aceptable, y con serenidad y firmeza le informo que ella no estaba dispuesta a aceptar su insinuación de que estaba robándoles ventas a otras personas.  Agrego que era incapaz de hacer algo así, y le pidió que le explicara las razones de su comentario. Desconcertado, el muchacho le contesto que solo bromeaba y la cosa termino ahí. June estaba contenta de haberlo puesto en su lugar.
No siempre podrás responder de inmediato, pero si sientes que un comentario es hiriente o que esta fuera de lugar, no dudes en llamar lo antes posible a la persona que lo haya hecho para aclarar las cosas. Por ejemplo: Bob, “¿Te das cuenta de que el comentario que hiciste ayer a medio día fue grasero? Todavía me duele. Espero que te disculpes”.
Muchas personas creen que es demasiado tarde y deciden no hacer nada. Esa actitud está bien si puedes realmente dejarlo pasar, pero no te engañes. La mayoría de la gente sigue guardando rencor años después. El hecho de que June se acordara aun del incidente en el baile es una señal de que la hirió. Si lo hubiera enfrentado sobre la marcha, dudo de que lo recordase todavía. Esas cosas representan una importante pérdida de energía. Es mucho mejor protegerse e informar a la otra persona tan pronto como sientes la ofensa.
Si todavía recuerdas algún comentario que tu primo hizo hace quince años, lo mejor será que lo aclares de una vez por todas, en lugar de esperar otros quince años más. Hablo muy en serio. Si aun le das vueltas a un comentario o un insulto, eso significa que no lo has perdonado. De modo que debes resolverlo de una vez. Llama a la persona en cuestión, dile que te ha estado molestando durante mucho tiempo y que quieres aclararlo, y con seguridad, Explícale los hecho tal como los recuerdas. Limítate a describirlos, sin cargarlos emotivamente. Puede que esa persona comparta tu visión del incidente, o bien que ni siquiera lo recuerde. Mucha gente será amable y te pedirán disculpas con sinceridad.
Otros se pondrán a la defensiva, en cuyo caso es probable que no haya utilizado un tono de voz neutro. De hecho, no tiene importancia la manera en que respondan. La cuestión es que tú digas lo que no pudiste decir durante años y pidas a la otra persona que se disculpe o que subsane de alguna manera el daño si es el caso, Entonces podrás decirle que la has perdonado. Tomemos el caso de  James. Su novia la había regalado un esplendido viaje para su cumpleaños: dos semanas de vacaciones en Israel para presentarle a su familia.  Lamentablemente James se olvido consultar con su jefe las fechas de sus vacaciones. Sus compañeros de trabajo ya habían decidido las fechas, y cuando James explico la situación, se negaron a hacer cambios por que ya habían hecho sus propios planes. Les pidió a todos  y cada uno si podían hacerle el favor de cambiar la fecha de sus vacaciones, pero todos contestaron que no, de modo que tuvo que cancelar el viaje. Pues bien James estaba muy furioso con sus colegas y con su jefe. Al cabo de tres años, seguía resentido con ellos, aunque ya lo habían ascendido y cambiado de departamento. Le pedí que llamase a esas personas, que les explicase los hechos y les preguntase por que no habían querido cambiar las fechas de sus vacaciones. James  no quiera aceptar esa tarea porque pensaba que no serviría  de gran cosa. Insistí que lo probase. Llamo entonces a una compañera de trabajo y le dijo que deseaba aclarar un problema. Le comento la situación y le pidió que le explicara las razones por las que se había negado a cambiar las fechas de sus vacaciones. La compañera respondió que no sabía que es cambio significara tanto para él, y que si bien mas adelante termino por cambiar sus planes de vacaciones, en aquel momento parecían inamovibles. De pronto, James se dio cuente de que había estado resentido sin motivo alguno, y que había gastado mucha de su energía. Ni siquiera se molesto en llamar a los demás, porque el incidente se dilucidó con esa única conversación. Comprendió que se lo había tomado como una ofensa personal cuando de ningún motivo era así.
Por lo general, llegamos a este punto, la gente suele preguntar:” ¿No pensaran los demás  que uno es demasiado sensible?”. Diles la verdad, que lo eres y que te gustaría que te traten con respeto. Ser sensible no es pecado. Al contrario, gracias a tu sensibilidad, siente y percibes emociones  y los pensamientos sutiles de los demás antes incluso que ellos mismos. Cuanta más sensibilidad poseas, mayores serán  los límites que deberás poner. Por lo tanto, asegúrate  de que sean amplios (consejo 5).
A veces, mis clientes confunden límites con muros. Un límite define lo que los demás puede o no hacerte. De hecho, son precisamente esos límites lo que les permite mantener una relación estrecha contigo. Su inexistencia provoca  que una persona se sienta herida con facilidad y decida  protegerse levantando muros y colocando barreras para guardar las distancias. Cuando tus límites están definidos, automáticamente sientes una mayor seguridad, amén de que puedes abrirte a las personas  que los respetan y aceptan. Pero, cuidado, habrá quienes no estén dispuestos a hacerlo, quizás necesites alejarte de ellos,  romper la relación o incluso cambiar de trabajo.
A otros de mis clientes les preocupa dar la impresión de ser quisquillosos o de tener reacciones imprevisibles y crear problemas por cuestiones insignificantes. Pues bien la realidad es exactamente al revés. Cuantos mayores sean ut claridad y tu firmeza en el planteo de las situaciones, menor será la posibilidad de que acabes quejándote de tu suerte.  Pasado un tiempo, no necesitaras decir nada, porque inconscientemente los demás sentirán la presencia de tus límites y no osaran atravesarlos. Piensa en las personas  cuya mera presencia hace que las trates con respeto. Luego están a aquellos de los que sueles reírte. La diferencia entre ambos es que los primeros tienen lugar toda una serie de pequeños abusos, perdemos la serenidad y actuamos de modo poco profesional. Con educación, pon las cosas en su lugar en el mismo momento. Nadie se burlara de ti. Te respetaran.
Haz la prueba  y comprobaras los exentes resultados del sistema.

lunes, 24 de junio de 2013

Protégete con elegancia


“Nadie puede hacer  que te sientas inferior si tú no se lo permites”.
Eleanor Roosevelt.
En la Coach University, aprendí un modelo muy sencillo de comunicación en cuatro pasos para protegerte del comentario desagradable. Cada vez que una persona te hiere o te molesta, es porque tú se lo permites. He aquí cómo frenar ese tipo de conductas de manera afectiva y elegante. (En este apartado las mujeres tienden a ser muy particularmente débiles.)
1.       Informar: “¿Te das cuenta de que estas gritando?”, o “¿Te das cuenta de que ese comentario es hiriente?” O bien: “No te he consultado sobre esa cuestión”. Si la persona continua con su inaceptable conducta, pasa al segundo paso, pero no nunca antes de haber dado el primero.
2.       Pedir: “Por favor, deja de gritarme”. O: “Solo te he pedido una crítica constructiva”. Si la persona todavía no entiende y continua actuando del mismo modo, prueba con el tercer paso.
3.       Exigir o insistir: “Insisto en que dejes de gritarme ahora mismo”. Si la persona aun persiste con su conducta, da el siguiente paso.
4.       Irse (sin entrar en la discusión ni responder de mala manera): “No puedo continuar con esta conversación si sigues gritándome. Me voy. Si, a partir de ahí tu relación con esa persona no se modifica, puede que necesites dejarla o bien hacer terapia. Quienes te quieren de verdad respetan tus límites.
La clave del éxito con estos cuatro pasos es hablar con un tono de voz neutro. No levantes la voz ni hables más bajo de lo habitual. Mantén la calma. Tú sabes cuando hablas con pasión, con ánimo de crítica o bien con ira. Recuerda que estas informando a la otra persona. Hazte a la idea de seguir esos cuatro pasos con el mismo tono de voz con el que dirías: “El cielo es azul”.  Que tu tono de voz sea neutro, sin expresar emoción y agitación. De ese modo, podrás decirle lo que quieras a la otra persona. Ahora Susan (consejo 5) sabía como enfrentarse a su jefe la próxima vez que le gritase. Utilizo esta modelo de comunicación en cuatro pasos para informarle con un tono de voz neutro. En este punto debes tener mucho cuidado. Corres el riesgo de perder tu trabajo si no consigues ese tono de voz,  de modo que te conviene practicar antes con tus amigos y tu familia, hasta que tengas la seguridad necesaria para hacerlo. Susan cometió un pequeño error en su trabajo al día siguiente,  y como de costumbre, su jefe comenzó a descargar su furia contra ella. Susan, con mucha tranquilidad y sin menor matiz de sarcasmo o de critica en su voz, le dijo: “¿Se da cuenta usted que me está gritando?”. Su jefe quedo completamente desarmado, y entonces Susan agrego: “Por cierto, quiero hacer el trabajo lo mejor posible, y la verdad es que trabajaría mucho mejor si me señalara los errores en un tono más sereno”. El jefe se Susan se calmo de inmediato, le pidió disculpas y luego la invito a comer. Evidentemente, este modelo es una manera de comunicarse muy poderosa y atractiva.
Llegados aquí, probablemente piensas: “Bueno eso es perfecto para Susan. Pero nunca podría hablarle así a mi jefe”. Francamente, eso es lo que responden todo mi cliente cuando les digo que necesitan informar a sus jefes de que acaban de cruzar un límite. La clave para manejar la situación con tu jefe está en la  utilización de un tono de voz neutra y en hacer gala de mucho tacto.  Nunca le pongas límites a tu jefe, ni a nadie más, delante de otra persona, y sobre todo, no lo hagas en medio de una reunión. También es útil saber ser sutil y hacer los comentarios pertinentes de forma casual. No te interesa crear un gran conflicto a partir de la conducta de tu jefe. Por ejemplo, un cliente mío llamado Lee, jefe  de un departamento de un gran banco, tenía la impresión de que su jefa, la directora de la sucursal, que lo agobiaba con constantes reuniones de control, se había extralimitado en sus funciones. Esta mujer había citado una reunión a uno de los empleados del departamento de Lee sin informarle antes. Lógicamente, el no quería ofender a la directora, porque ella dependía, en parte, la cantidad de dinero en bonificaciones que iba a recibir. Al mismo tiempo, se sentía frustrado por la indiferencia que ella parecía mostrar frente a su gestión como jefe de departamento. Al día siguiente, la directora le llamo para hablar de ciertos informes y Lee menciono al pasar:”Me ha dicho John, mi cajero, que has concertado una reunión con él. Sería más fácil organizar el trabajo si, en el futuro, me informases acerca de tales reuniones”. No había más que decir Lee utilizo un tono informativo directo que, de un modo muy sutil, comunicaba a su jefa que había cruzado limites. Y creedme, Lee tenía un susto de muerte, pero lo hizo.  Cuando en la siguiente ocasión, la directora de la sucursal quiso organizar una reunión, llamo primero a Lee y la programo con él.
Quedaba el problema del control agobiante de la directora. Le propuse a Lee que averiguase el tipo de información particular que ella quería, o,  en caso de que no fuese algo especifico, que le presentase un breve informe de los resultados y las actividades de la semana, de manera que ella estuviese al tanto de lo que acontecía. Al cabo de un mes su directora le comunico que con una reunión mensual sería suficiente, y que podría seguir presentándoles sus informes semanales. Ahora Lee se había ganado la confianza de su jefa y tenia mas independencia en su trabajo. Otra de mis clientas, Marcia, acababa de hacer una enorme transición en su vida. De ser la fuente principal de ingresos de la familia, trabajando a tiempo completo en su profesión de ingeniero, había pasado hacer madre de tres hijos a tiempo completo. Después del nacimiento de su tercer hijo, había decidido dejar su trabajo y tomarse unos meses para gozar de la maternidad e iniciar una empresa propia gestionada desde sus casa. Esto conllevo una reducción repentina y drástica de dinero, provocando que Marcia se sintiese culpable de gastarlo y no aportar algo a la familia. Para terminar de arreglar las cosas, descubrió que la gente acostumbraba a hacer observaciones que la herían, del tipo:”Bueno, ahora que no trabajas tienes mucho tiempo para encontrar clientes para tu negocio”, o que desvalorizaban su necesidad de relación, como, por ejemplo:”Debe ser agradable estar en casa todo el día, con los chicos, y que y tu marido te mantenga”. Le señale que so demostraba que había desaparecido un de sus límites: que los demás no podían menospreciar su trabajo. Fue revelador. Marcia puso inmediatamente las cosas en su lugar. Al día siguiente, si marido la acompaño al hospital. Cuando la enfermera le pregunto qué trabajo hacia Marcia, el dijo: “Se ocupa de la familia”. Marcia se sintió infravalorada por el comentario, y comprendo que ahí había un límite que se había sobre pasado. Más tarde, hablo con su esposo acerca de lo sucedido. El no lo había dicho de una manera negativa, simplemente le había parecido lo más sencillo. Marcia le pido que, en el futuro, dijese que era una asesora de empresas y que diera el número telefónico del despacho. A él le pareció muy bien y estuvo encantado de hacerlo.  Esto nos  lleva a otro punto. Cuando informes a lo demás, el secreto está en dejarles la posibilidad de una salida elegante. Sin embargo, a menudo no lo hacemos. Permíteme demostrártelo. Tomemos el caso de Marcia. Cuando su marido respondió: “Lo siento, no lo dije en ese sentido” ella podría haberle dicho: “¡Si! Lo hiciste ¿Eres un soplón!”.
No te rías, todos lo hemos hechos alguna vez. No entres en una polémica. Si la otra persona no se disculpa, es lógico que le pidas que lo haga. A veces, una disculpa no es suficiente, y puede que tengas que pedir una reparación de estilo: “Bueno, está bien que me pidas disculpas por manchar mi traje de lino, pero supongo que me pagarías la tintorería”. Nuestra tendencia natural es no dar los primero pasos e ir directamente al tercero y el cuarto, y por lo general con un tono de voz que no es precisamente neutro. La clave es hablar con serenidad, aclarando las cosas inmediatamente (consejo 7).
Lo bueno es que, con el tiempo, no tendrás necesidad de poner  límites, porque  la gente no se atreverá hacerte  un  comentario desagradable. Existe otro efecto colateral interesante, en cuanto al refuerzo de los límites. Suponemos que, si reforzamos un límite, la gente no nos apreciara, o pensara que somos insistentes o agresivos, o quizás exigente. En realidad, sucede exactamente lo contrario. Cuando hayas establecido unos límites firmes, la gente dejara de tratarte como si fueseis camaradas de universidad y comenzara a respetarte. Serás el tipo de persona a quien todo el mundo respeta y trata con cortesía.  
En el fondo, las personas saben muy bien que estas poniendo en evidencia y en realidad no se siente bien haciéndolo. Si lo permites, no solo te rebajas tú, sino que los rebajas a ellos. ¿Qué limites quisieras  establecer ahora que sabes protegerte con elegancia? Trata de encontrar un mínimo de cinco, y anótalos.