viernes, 23 de agosto de 2013

Envidia




Cuando sentimos envidia deseamos (codiciamos) la buena  suerte o las ventajas  de otra persona. 

La envidia se puede distinguir de los celos en que la primera se refiere a dos personas (por ejemplo: “¿Por qué mi hermana se liga a todos  los hombres atractivos si yo soy tan guapa como ella?”), mientras que los celos se refieren a tres (por ejemplo:” ¿Y ese tío por que en rolla con mi mujer? ¿Se la quiere ligar o qué?”). Aquí distinguiremos entre la envidia mal sana y al envidia sana.

 En la envidia malsana (que a veces  pude llegar a ser malintencionada), solemos compararnos desfavorablemente con la persona que tiene lo que deseamos (por ejemplo: “me esfuerzo tanto como ella  pero a ella todo le va bien y yo  parece que este gafada”), podemos rebajar el valor  de lo que deseamos (por ejemplo: “Reconozco que está muy buena, pero es más tonta que un zapato. Así que todita para el”), podemos convencernos de  que en realidad estamos mejor si lo deseamos e incluso  de que somos superiores  de algún modo (por ejemplo: “Ganar tanto dinero no le va a traer más que dolores de cabeza. 

No se lo envidio en lo mas mínimo. La verdad es que se lleva una vida más honrada y equilibrada sin necesidad de tanto dinero”), podemos convencernos de que lo que tenemos es igual o mejor  que lo que tiene la otra persona (por ejemplo: “Mi coche  será más antiguo, pero seguro que dura más que es trasto que acaba de comprar”), podemos convencernos de que conseguiremos lo que la otra persona tanto si lo necesitaba.

jueves, 22 de agosto de 2013

Celos



El tema de los celos  es una amenaza real  o imaginaria a nuestra relación  con  nuestra pareja  por parte de otra persona (rival).  

Los celos morbosos o malsanos se han  descrito como “una  preocupación irracional excesiva por la felicidad de la pareja  y que carece  de base objetiva” Si padecemos celos  morbosos,  podemos inferir lo siguiente: que el  abandono” de nuestra  pareja con otras personas  son prueba de su infidelidad, que ya  no tenemos en exclusiva la atención  o el amor de nuestra pareja  y que nuestra pareja actúa de una manera  que viola nuestros derechos de propiedad.

Los celos suelen combinar con otras  emociones, por ejemplo: “¿Y si madeja? Sin ella no podre vivir “(ansiedad); “Si se siente atraído por otra mujer  es que me encuentra repulsiva” (Depresión); “Le romperé la cara a ese cabrón por intentar quitármela “(ira). La causa de los celos  no en la desconfianza  hacia nuestra pareja, sino la falta  de confianza de nosotros mismos: nuestra supuesta incapacidad  de afrontar y vencer  los rivales o potenciales porque  nos creemos a ellos (por ejemplo, por  no ser tan atractivo o tan buenos en la cama).


Cuando sufrimos de celos morbosos es probable, entre otra cosas, que búsqueda constante mente otras cosas que busquemos  constantemente que nuestra pareja nos confirme su amor  su amo (por ejemplo: “¿De verdad  me quieres”),  que controlemos sus conducta (por ejemplo, “me dijiste que fuiste  al pub el viernes por la noche, pero josa me ha dicho que no te vio”) que busquemos  indiciosa de su infidelidad (por ejemplo, examinar los asientos del automóvil en búsqueda de alguna mancha delatora). 

miércoles, 21 de agosto de 2013

Ofensa




 Cuando nos sentimos ofendidos reaccionamos a unas injusticias que creemos que se nos ha hecho (por ejemplo: “No es justo que pienses solo en ti y nunca tengas  en cuenta mis necesidades”). Podemos sentirnos defraudados  o suponer que henos sido traicionados  por otra persona  y considerar que no somos merecedores  de ese trato. La ofensa se pude mezclar con otras emociones como, por ejemplo, la autocompasión (“Solo quería que me amaras. No he hecho nada malo. ¿Por qué me tratas así?”), la depresión (“si me tratas así es porque no valgo nada”) y la ira (“Eres un cabron, no te importan mis sentimiento”). 

martes, 20 de agosto de 2013

Culpa



El tema principal de la culpa es una violación o un desliz de carácter moral. Podemos sentirnos culpables de acciones que básicamente nos afectan a nosotros (por ejemplo,  no seguir un régimen o tener pensamientos “obscenos”  o de las consecuencias de nuestras acciones  que pueden perjudicar  a otras personas. Los actos  que afectan a los demás  se suelen  dividir en actos  de obra ( es decir, algo que hemos  hecho, como, por ejemplo: “Mi mujer quedo desecha cuando se entero de que  me había liado con su hermana”) y actos de omisión (es decir, algo que no hemos hecho,  como por ejemplo: “Mi compañero necesitaba desesperadamente hablar con alguien  de sus problemas  pero yo no le hice caso. Ahora está en el hospital por una sobre dosis”). Esta división también se aplica  a las acciones  que no  tienen  que ver  con los demás (por ejemplo: “Hoy  no te he rezado”, un acto de obra en el caso  de un judío ortodoxo). La culpa y la vergüenza se suelen considerar intercambiables, pero tienen tantas similitudes como  diferencias. Como explica Wessler y Wessler:

La culpa y la vergüenza, surgen del mismo tipo de ideación y,  por lo que sabemos, produce el mismo tipo de excitación. Las dos suponen hacer algo que se considera  malo, estúpido o erróneo. La diferencia reside en la  sede de la evaluación, que se extrema para la vergüenza e interna para la culpa. La vergüenza surge de recibir la reprobación de otros; la culpa, de recibir  la reprobación  de uno mismos. En ambos casos, la conclusión es: “no soy bueno”. 

Cuando nos sentimos culpables podemos intentar “repara el daño” (por ejemplo, pidiendo perdón a quien creemos  haber perjudicado o colmándole  de regalos o afecto); quizás creamos merecer alguna forma de castigo y nosotros mismos no lo administramos (por ejemplo, con una sobredosis)o dejamos  que lo hagan  otros (por ejemplo, recibiendo una paliza); podemos intentar insensibilizarnos al dolor de la culpa (por ejemplo, con alcohol, drogas, o trabajando en exceso ) o nos podemos prohibir cualquier placer hasta haber expiado nuestros pecados. Las pautas de conducta de la  culpa  difieren  de las de la vergüenza, que suponen “ocultar, esconder, disimular o hurí”.

Una técnica  esencial para afrontar  la culpa es  evaluar  nuestro grado de responsabilidad en relación con el suceso por el que nos sentimos culpables (podemos suponer que  somos plenamente responsables  del mismo).


La técnica de  redistribuir la responsabilidad por unos hechos (también conocida como “retribución “no tiene como objetivo “librarnos” de ella si realmente somos  los principales responsables.