Parte 1
Los
coaches son especialistas que sacan lo mejor de las personas, sin decirles cómo
deben hacerlo.
Una de
las profesiones surgidas hace pocos años y que parecen tener un futuro más que
prometedor, es la que se conoce como el coaching. Se podría traducir como
“asesor”, “consultor” o incluso “entrenador”, pero va más allá de todo ello, e
incide en ámbitos que no son estrictamente profesionales.
En el
fondo, parece que un coach no deja de ser asesor.
Bien,
esta palabra es casi tabú dentro de nuestro mundo, porque implica que alguien
te da consejo, y en el coaching no asesoramos: somos especialistas en
sacar lo mejor de las personas, sin decirles cómo deben hacerlo. Este es el
elemento diferencial con otras profesiones.
Es decir,
que el coach proporciona los elementos para que la gente se dé cuenta de lo que
debe hacer para llegar hasta donde ellos mismos se proponen. ¿Es eso?
Más que
proporcionarles estos elementos, les ayudamos a cuestionar sus objetivos para
que, a través de toda la metodología del coaching, puedan descubrir
aquellas conclusiones que quieren alcanzar. En el coaching existen dos
principios: consciencia y responsabilidad. La pregunta es: ¿Cómo llegar a
ellos?
Bien,
¿cómo llegar a ellos?
Esto es
lo poderoso del proceso del coaching. Si uno no se da cuenta de algo que
quiere cambiar, pues pude llamar a un experto para que haga un estudio de
competencias; pero, si falla, ¿a quién se le hace responsable? En cambio, si va
bien se conseguirá lo que se quiere, pero gracias al experto y no porque uno lo
haya desarrollado. Aquí lo que hacemos es que si uno realmente quiere
desarrollarse, el coach tiene la habilidad para que se llegue a tomar
consciencia de lo que hace falta o de lo que ya se tiene, para emplear los
recursos y ver las vías que hay que tomar.
¿Qué tipo
de perfil tienen como cliente?
De todo,
especialmente en equipos de personas. En la dirección moderna, el que tiene
unos conocimientos específicos sólo puede abarcar un campo limitado, así que
hoy en día es raro que un directivo se limite nada más que a dar órdenes: casi
todos los directivos están ya manejando equipos. Así que estas habilidades son
diferentes porque uno puede ser ingeniero, el otro abogado, pero al final, la
alta dirección lo que hace es manejar a gente. Lo que nos lleva a una
conclusión.
¿Cuál?
Que en el
mundo empresarial hay una carencia enorme de cómo tratar con la gente, de cómo
hacer que la gente tome conciencia y responsabilidad.

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