“Los buenos hábitos, que ponen bajo control nuestras bajas pasiones y apetitos, nos liberan para que podamos aventurarnos en experiencias vitales de mayor amplitud. Muchos de nosotros dividimos y disipamos nuestras energías dudando de lo que hacemos, cuando la solución es evidente.”
Ralph W. Sockman.
La mayoría de nosotros poseemos algunos maslos hábitos que en realidad no nos aporta ningún tipo de alimento intelectual ni afectivo, ni nos hacen sentir más seguros de nosotros mismos. Es posible que haya pasado de ser un hábito convertirse en una adicción, tal como en mi caso, con aquella taza diaria de café antes de que tomara conciencia de que me había vuelto adicto. Los expertos opinan que para cortar una costumbre, hay que reemplazarla por otra distinta. De otro modo, se volverá a caer en la misma situación anterior. Lo ideal es que quieras reemplazar un mal hábito por uno bueno, esto es, por uno que te aporte mayor energía en lugar de consumirla.
¿Cuáles son las diez cosas de las que disfrutas que te gustaría hacer a diario? Quizá quieras disponer de un cuarto de hora de sosiego para planificar tus actividades del día, o para pensar en algo creativo. ¿Un descanso de diez minutos al llegar a casa después del trabajo para olvidarte un poco de los problemas? O, en lugar de conducir, quizá te gustaría ir al trabajo en bicicleta. Al mediodía, trata de comer en un parque, bajo un árbol, en vez de ir a una cafetería. O bien llévate tu comida a casa, en lugar de comprarla o de comer en un restaurante de comida rápida. Trata de irte a dormir una hora más temprano y de levantarte una hora antes de lo acostumbrado. No se trata de encontrar nuevos hábitos que veas como una (obligación), si no algo de lo que disfrutes, que realmente te apetezca hacer. Cada persona es distinta y su elección será personal. Mucha gente vive sometida a tanta tensión, que cuando les propongo esta tarea, tienen problemas para comenzar porque ni siquiera pueden llegar a imaginarse diez hábitos placenteros. Ese fue mi caso. Había perdido por completo el contacto con las cosas que amaba. (Fue una época en que, camino del trabajo, deseaba que un autobús me atropellase para poder estar en el hospital, tumbado y en paz durante un tiempo). No podía pensar en otra cosa que no fuese lo que debería hacer. Por ejemplo: Debería hacer ejercicio diariamente o Debería comer más verduras. Ninguna de esa cosas me entusiasmaba ni me parecía interesante, de modo que tuve que volver a reflexionar y ver lo que podía resultarme agradable y divertido. Mi lista de diez hábitos termino siendo una combinación de algunas cosas divertidas y otras que sabía que necesitaba hacer a diario:
1. Ir al trabajo a pie en lugar de tomar el metro (controle el tiempo y me encontré con que, si tomaba el metro, tardaba cuarenta minutos, y caminando, tardaba una hora desde mi puerta de mi casa a la del despacho. Seque la cuenta. A cambio de eso veinte minutos extras, ganaba una hora de ejercicio diaria y ahorraba un dólar y cincuenta centavos de transporte. Este paseo diario término siendo una especie de meditación.)
2. Limpiar mis dientes con hilo dental todos los días. Es una especie de debería, pero no me importa porque mis dientes están esplendidos y me gusta.
3. Llamar diariamente a un amigo o mandar una nota de agradecimiento.
4. Comer fruta fresca (frambuesas, fresas, un mango, una papaya, una pera jugosa…).
5. Hacer algo para mimarme todos los días (tomar un baño de espuma, comprar una nueva revista, pasear por el parque, compra flores frescas para el despacho…).
6. Tomar vitamina C y un complejo mutivitaminico (es bastante fácil).
7. Hacer ejercicios diariamente para la espalda. 8Siempre he sufrido de dolor de espalda y lo ejercicios me ponen en movimiento.)
8. Decirle a tus seres amados Te quiero todos los días.
9. Cada mañana, dedicar un cuarto de hora para planifica mi día.
10. Ordenar mi escritorio todos los días antes de irme a casa.
Una buena idea, en caso de que y tengas problemas para abandonar un habito perjudicial o para establecer uno bueno, es llevar un registro de tus progresos y colocarlo en un lugar visible. El sistema que utilices no tiene gran importancia, pero necesitas algunos elementos visuales para no perder de vista tus objetivos. Por ejemplo, Elaine St James, en su libro “Simplicidad interior”, sugiere que se utilice el método de la estrella dorada, el premio que se solía dar a los niños en los parvularios. Si te ilusionaba conseguir un premio cuando ibas a la escuela, puedes usar ese sistema, o bien créate otro que te convenga, siempre que sea algo que está a la vista.
El sistema de la estrella dorada consiste en premiarte con una estrella cada día que logres algo que te proponías. Supongamos que quieres dejar de ver la televisión (consejo 32). Cada día que no mires la televisión, cuelga una estrella en un calendario en la pared, para poderla ver clara mente. No tienes que explícale a nadie lo que significa. De hecho, es mejor no decírselo a nadie.
Guarda el secreto; así evitaras los comentarios o las criticas ajenas. Una vez que hayas conseguido un mes completo de estrellas, prémiate con algo muy especial; pero, eso sí, que el premio no se permitirte el habito que acabas de dejar.
Quizás prefieras dibujar un grafico para registrar tus procesos. Algunos de mis clientes recortan fotografías de revistas y hacen un collage que les ayuda a establecer sus nuevos hábitos. Uno de ellos tuvo programado un correo electrónico automático dirigido a sí mismo para que le recordase evitar cada día una nota de agradecimiento, hasta que esto se convirtió en un hábito. Por lo general, nuestra vida esta tan llena de preocupaciones que resulta de gran ayuda tener un recordatorio hasta que el nuevo habito sea tan natural como lavarse los dientes. Es más fácil trabajar para establecer solo un nuevo hábito por vez, pues tratar de lograr los diez al mismo tiempo resultaría agobiante. Todo esto puede parecer una tontería, pero de hecho es una gran ayuda tener algún tipo de señalización visual, o convertir este proceso en un pequeño concurso o juego. Uno de mis clientes, Kendall, que es atleta, era un adicto al azúcar y decidió premiarse con una estrellita dorada cada día que no tomara azúcar. No quería ver solo un día en blanco en el calendario. El elemento visual no solo muestra concretamente y con exactitud si estás haciendo bien las cosas, sino que te motiva para seguir adelante. Kendall acostumbraba a llevar la cuenta mensualmente y estaba seguro de que se calificaba mejor de lo que realmente merecía. Si no prestaba mucha atención, era fácil que se le olvidara, por ejemplo, de las tortas con jarabe de arce del desayuno. A medida que pasa el tiempo, el registro visual es cada vez más importante. Al cabo de dos semanas sin probar azúcar, mi cliente no quería echar a perder es línea perfecta de estrellas doradas. Esta técnica funciona también para adquirir un buen hábito, como puede ser pasear al perro o comer a diario tres raciones de verduras frescas. Escribe tu lista de diez placeres diarios y comienza a disfrutarlos cotidianamente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario