“Ser bueno, según el concepto normal de la bondad, es fácil. Simplemente requiere una cierta cantidad de terror sórdido, una buena falta de imaginación y esa baja pasión por la respetabilidad típica de la clase media. “
Oscar Wilde.
Los “debería “son aquellas cosas que creemos que debemos hacer, que representan una obligación, pero que, de hecho, no nos interesan. Por ejemplo: debería perder peso, debería hacer ejercicio, deberá establecer mayores contactos, debería usar talla 38, debería ganar más dinero, debería aprender otro idioma, debería hacer esto, aquello o lo otro. Todos estos debería te abruman, te desaniman y te alejan de lo que en verdad te interesa en la vida. Estoy seguro de que podrías hacer una larga lista con todos tus debería ahora mismo, y por cierto, te lo recomiendo. Y una vez que la hayas hecho, haz una bola con esa hoja de papel y quémala. Sí, eso mismo. Debes sacarte de encima los debería. Es un peso que te agobia, que no te lleva a ningún sitio, y que consume tu preciosa energía vital. Mucho mejor es olvidarlos, y crear otra lista de nuevos objetivos que te pongan en actividad. ¿Cómo puedes saber si estas delante de un verdadero objetivo o de un debería? Bien, una manera segura de averiguarlo es preguntarse: ¿Cuánto tiempo hace que lo deseo? Si hace más de una año, es un debería que no tiene vitalidad alguna. No necesitas seguir dándole vueltas y atándote a ese objetivo caduco ni un minuto más. ¡Líbrate de él! ¡Ahora mismo! ¡Ya! Ah, protestas por qué piensas que si abandonas el objetivo de perder peso, nunca lo conseguirás. Bueno, puede que sea verdad, pero, ¿Cuantos años hace que dices que necesitas perder peso? Si hace muchos años, no creo que suceda jamás, de modo que podrías reemplazarlo por otra cosa que tengas un verdadero interés en crear.
Algunos de mis clientes están dispuestos a aceptar este consejo y olvidarse de sus objetivos. Pero la mayoría quiere conservarlos. Es sorprendente lo atados que estamos a estos debería. Si durante la mayor parte de tu vida has usado una talla 48 ¿a quién le importa que uses o no una talla 38? Si hasta hoy has vivido perfectamente sin saber francés, quizás no necesitas seguir pensando en ese objetivo. Creo que, en caso de no poder desprenderte de esos deseos, lo mejor es transformarlos de manera que puedan ser posibles.
Por ejemplo. En lugar de concéntrate en perder peso, podrías plantearte el objetivo de cuidarte mucho más que hasta ahora. Es una labor que implica una serie de actividades nuevas, como pueden ser: ir a ver a un nutricionista para que elabore un plan de alimentación especial para ti, salir a hacer ejercicio en lugar de instalarte en el sofá, hacerte un masaje terapéutico semanalmente o cada quince días, hacerte un tratamiento facial periódico, inscribirte en esa clase de jazz que siempre te intereso’, rodearte de personas que comen como a ti te gustaría comer y que tienen hábitos saludables y pasar menos tiempo con aquellos amigos que no apoyen esos nuevos hábitos que intentas incorporar a tu vida. Todas estas actividades conforman un nuevo objetivo más ameno y vital que simplemente decir “Debería perder peso”.
De modo que examinar tu lista de “debería” y deshazte de todos los que puedas. S i realmente ves que hay algunos que te resulta imposible eliminar, busca la manera de delegar en parte la responsabilidad. Imaginemos que realmente debes hacer ejercicio. No puedes permitirte el lujo de tachar esa tarea de tu lista y seguir adelante porque te resulta imprescindible. Contrata un entrenador, asóciate a un club de excursionistas o haz cualquier otra cosa encaminada hacia el objetivo. No sigas agobiándote dejándolo en un “debería”.
Supongamos que quieres conseguir un trabajo mejor que el actual, pero todavía no tienes la motivación suficiente. Pon tu currículum al día (también puedes encargar esa tarea a un experto), habla con un cazatalentos y deja en sus manos esa tarea de encontrarte nuevo trabajo. Si no te vez capaz de actualizar tu currículum, contrata una agencia especializada en selección de personal de empresas, o preséntate a distintas entrevistas, y si no logras resultados, entonces deja de lado es objetivo. Es mucho mejor eliminarlo de tu mente y continuar. Inmediatamente sentirás que te has sacado un peso de encima.
Sandy, una asistenta social de cuarenta y cinco años, me contrato porque acababa de divorciarse y quería encontrar una nueva relación afectiva. Para ello, pensaba que debía perder peso, pero no sabía cómo comenzar. Asistía a clase de gimnasia esporádicamente, pero no era suficiente. Decía que carecía de voluntad y disciplina. Le explique’ que, si tenía una estructura de apoyo eficaz, no necesitaría de su voluntad. La incite a que se construyera un sistema de apoyo que le facilite las cosas. Era una persona muy seria y cuidadosa. Yo estaba seguro de que si concertaba una cita para encontrarse con una amiga en el gimnasio, de ningún modo faltaría.
Sandy puso su bolsa de gimnasia en el coche, para poder ir diariamente al trabajo. Sabía perfectamente que si iba primero a su casa, ya no iría al gimnasio. Quedo con una amiga que también se había propuesto mejorar su figura. Se encontraron en el gimnasio y terminaron haciendo treinta y cinco minutos de ejercicio. Sandy se sentía magníficamente bien. Sus colegas de trabajo se dieron cuenta de su entusiasmo y uno en particular, un hombre, le pregunto que si le gustaría salir a correr con él.
Una cosa llevo a la otra. Muy pronto, Sandy no solo había perdido cuatro kilos, sino que hacia ejercicio con regularidad y tenía un compañero que la acompañaba. ¿Cuáles son los objetivos que te agobian? Si no has hecho nada al respecto durante el último año, deshazte de ellos inmediatamente o formúlalos de nuevo. T e recomiendo especialmente que si durante años tu objetivo ha sido perder peso, te olvides de él. Recuerda que siempre puedes volverlo a escogerlo más adelante. Por ahora, no está mal que te dieses un respiro y que durante un tiempo te sacases ese peso de encima. Otro de mis clientes, Howard, abandono su objetivo de perder peso, y en lugar de escogió practicar tai chí. Almorcé con él unos meses más tarde y, si bien no había adelgazado, se lo veía mucho más sereno, seguro y bien físicamente. Desesperándote no conseguirás nada. Jim otro cliente, un dinámico especialista en subastas inmobiliarias, era un gran redactor de listas. Cada año nuevo se hacia un numero sorprendente de buenos propósitos. Este año, me mostro una lista de veinticinco objetivos, y le pedí que la revisara, para ver si había alguno que perseguía desde hacía más de un año.
Además le pedí que borrara los “debería”. Redujo su lista a cuatro objetivos claves relacionados con actividades que le apasionaban. Se sintió muy liberado y sorprendido del resultado. Deshazte ya de esos objetivos inútiles, porque son un escollo para el desarrollo de una actividad eficaz durante el resto del año.

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