Cuando preguntamos a alguien cómo se sentiría si siguiera
con una tarea en lugar de eludirla, la respuesta suele ser: “Muy bien”. Después
le preguntamos por qué se priva de esta sensación tan agradable eludiendo la tarea.
Prever una buena sensación no significa que nos hayamos motivado de repente
para llevar a cabo la tarea.
Existe una fase de incomodidad que debemos superar y
que actúa como elemento de disuasión para empezar la tarea; es importante explorar
esta fase de incomodidad con el fin de descubrir qué es lo que nos frena (por
ejemplo, podría ser la sensación de que la tarea nos supera y ello hace que no
perseveremos para empezar a sentir que dominamos más lo que estamos haciendo).
La solución más evidente para la indecisión podría
ser diseñar un plan de acción (por ejemplo, un programa para organizar el
tiempo) con el fin de generar más productividad personal; sin embargo, nosotros
no somos partidarios de ello porque, como ya hemos visto, la indecisión se sustenta
en problemas emocionales. Nuestra capacidad para resolver problemas
emocionales. Nuestra capacidad para resolver problemas prácticos no suele estar
muy afinan cuando estamos alterados emocionalmente;
por otro lado, “aligerar los problemas prácticos antes que los emocionales tiende
a rebajar la motivación de los clientes para resolver los segundos y, si bien
se sienten más aliviados, sus problemas siguen ahí”. Por lo tanto, normalmente
proponemos atacar la indecisión desde dos frentes: primero abordamos sus
aspectos emocionales y luego nos centramos en los prácticos. Las siguientes sesiones
de coaching ilustrarán la implementación de estos principios en la práctica.

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