Volvamos por un momento al deporte, al menos a una competencia
muy singular y peligrosa conocida por su tradición de liderazgo autocrático,
que produjo notables desempeños en el pasado, pero que era diametralmente
opuesta a la filosofía del Coaching.
Todos los años, uno de los acontecimientos más destacados en
Gran Bretaña solía ser la gran demostración militar que se llevaba a cabo cada
verano en Londres: el Torneo Real, o la Carrera del cañón. Iniciada hace muchos
años para conmemorar la heroica campaña en la Guerra de los Boers, cuando los
propios hombres transportaban la artillería por las montañas, la competencia
consistía en desmantelar parcialmente y arrastrar una antigua cureña a lo largo
de un recorrido con obstáculos que a la mayoría de nosotros nos parecería
imposible atravesar, aun sin aquella carga. En esta carrera competían tres
divisiones de la armada británica.
Cada año, sólo se permitían nueve semanas para reunir y entrenar
a los equipos de dieciséis hombres. En 1990, Joe Gough fue el primer entrenador
del equipo de la Fleet Air Arm. Antes de comenzar su tarea, asistió a un curso
de Performance Coaching, que dirigíamos mi colega David Hemery y yo, y luego
visitó al equipo en Southampton, al principio de las prácticas. Como resultado
del curso, Joe tuvo la audacia de modificar radicalmente su enfoque, y después
del acontecimiento declaró: «Este año hemos cambiado todo, y si hubiera
fracasado me habrían puesto en la picota, ¡pero ahora soy el hombre más popular
en la Fleet Air Arm!».
Por primera vez en la historia del acontecimiento, un servicio
obtuvo los cinco trofeos más importantes. El equipo «A» de la Fleet Air Arm fue
el más rápido, logró el mejor tiempo adicional, la mayor cantidad de puntos y
la menor cantidad de sanciones, y el equipo «B» también ganó su trofeo. Este
resultado sobresaliente se logró con un 30% menos de carreras de ensayo que en
los años anteriores y con menos lesiones.
He aquí algunas declaraciones de los miembros del equipo:
• «Ésta fue la primera vez que alguien nos pidió nuestra opinión
y nos escuchó».
• «Joe nos preguntó si queríamos correr otra vez, y, si le
decíamos que no, nos parecía que íbamos a estar en deuda con él. Por eso lo
hicimos y ése fue un saldo positivo para el día siguiente.»
• «Joe era muy accesible. Nos trataba como a seres humanos.»
• «Una noche que estábamos destrozados, Joe nos dijo que nos
preparáramos para otra carrera. Eric, nuestro instructor de educación física,
le comentó que tanto él como el resto del equipo pensaban que su decisión era
errónea. Joe salió y nos dijo que lo dejaba sin efecto. Yo no podía creerlo. Es
muy difícil que un gran hombre ad mita que está equivocado [ ... ] y cuando él
lo hizo, todos nosotros, en lugar de dar excusas, empezamos a aceptar nuestros
errores en ciertos aspectos de nuestra instrucción. Hubo más franqueza en todo
momento.» .
Joe Gough resumió su nueva convicción de que el Coaching
producía realmente un mejor desempeño, frente al obtenido a través de las
órdenes y el temor, cuando dijo: «Uno puede obligar a correr a un hombre, ¡pero
no puede obligarlo a que corra rápido!».
Estoy convencido de que los beneficios del Coaching superan con
creces a los obstáculos ¿Y usted?

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