jueves, 29 de agosto de 2013

Admitir que tenemos un problema y responsabilizarnos de el


Antes de admitir un problema, debemos ser conscientes  de que lo tenemos. Puede que otros sean conscientes de ello y nos señalen cambios de humor  o de conducta (por ejemplo, mayor preocupación,  distanciarnos de los amigos) y que nos neguemos a reconocer que algo va mal.

 La conciencia de que algo va mal puede ir despertando gradualmente en nosotros cuando notamos que nos sentimos incómodos  o alicaídos, se nos van acumulando problemas  que no podemos evitar estallas en una crisis (Por ejemplo, nuestra pareja amenaza con  dejarnos  si no ponemos  nuestros pensamiento en orden), lo que nos hace llegar a la  conclusión  de que algo  no anda bien en nuestra vida. Admitir que tenemos un problema (por ejemplo, que  nos agobia las presiones del trabajo, que debemos desamasiado o que tenemos problemas sexuales) también puede convertirse en un problema. Uno de los principales obstáculos para admitir que tenemos dificultades personales  es la sensación de vergüenza: estamos revelando  a los demás,  o los demás descubren, lo que para nosotros es una debilidad, una diferencia o un defecto  y tememos ser criticados, rechazados, censurados o ridiculizados por ello (por ejemplo, unos amigos se enteran de nuestra impotencia sexual y se burlan de nosotros: ¡Después de todo teníamos razón  y resulta que es una pichafloja!). De todas las emociones  que tiende a reducir nuestra capacidad de pedir ayuda a los demás  y de tratarnos a nosotros mismos  con compasión, la vergüenza es la más importante y destructiva. Para evitar experimentar estos sentimientos  de vergüenza, podemos negar que tenemos problemas, intentar disimularlos o culpar de ellos a otra persona (por ejemplo, me haces perder los estribos con tanto tocarme las narices). Un aspecto  muy importante  de admitir un problema es aceptarnos a nosotros mismos por tenerlo, independientemente de cómo nos puedan juzgar los demás. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario