En esta sección, además de describir las características principales de estas emociones, presentaremos más técnicas
para afrontarlas.
Ansiedad
La ansiedad se basa en pensamientos orientados a un futuro que
se supone algún peligro o amenaza y ante el cual nos sentimos vulnerables de algún modo. Con frecuencia exageramos la peligrosidad
de una situación dada e infravaloramos nuestra capacidad de superarla. La amenaza o el peligro se pueden
situar en un conjunto de tiempo que va
desde lo inminente (“Dios mío, Me voy a desmayar”) y el futuro próximo (por
ejemplo: “Se que hare el ridículo cuando conozca a los amigos de mi marido este
fin de semana”) hasta un futuro más lejano (por ejemplo: “Seguro que este bulto
en la espalda será un cáncer en un par de años”). Cuando sentimos ansiedad
podemos experimentar algunos de los
siguientes síntomas: ahoga, palpitaciones, temblores, sudor, vértigo y sofoco.
SE dan los mismos síntomas en te un peligro físico (por ejemplo, si un
ladrón entra en casa) o ante una amenaza psicosocial (por ejemplo, miedo al
rechazo). Dependiendo de nuestra evaluación de la situación podemos atacar (luchar),
escapar de la situación (huir),
quedarnos bloqueados (paralizados) o desmoronados (desmayarnos).
Podemos distinguir entre el miedo y la ansiedad: el primero
es una evaluación de un estimulo que consideramos
amenazador, Cuando sentimos ansiedad podemos intentar eludir la situación amenazadora
o retirarnos de ella, o bien buscar en otros la certeza de que el resultado
temido no se producirá.
La manera más
evidente de afrontar la ansiedad es hacer frente a los propios temores.

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