La vergüenza surge del supuesto de que hemos revelado públicamente defectos,
debilidades, ineptitudes, etc. Y de que
los demás estarán de acuerdo con la evaluación
negativa que hacemos de nosotros mismos.
Por ejemplo, una persona que se precia
de su control emocional se pone hecha una furia cuando se encuentra con una
cola enorme en el supermercado; otros clientes se vuelven hacia ella, se la
quedan mirando y murmuran entre sí. La persona se imagina que la ven como
alguien impaciente y de mal genio y que reprueban su conducta. Como señala Lazarus;
“La vergüenza es una discrepancia entre lo que
las persona desea ser y la manera en que
se le identifica socialmente”. Cuando
sentimos vergüenza, querríamos desaparecer de la vista de los demás o que “La
tierra nos tragara”. Si no podemos retirarnos de la situación, evitamos mirar a los ojos a los demás o bajamos la cabeza para evitar lo que
creemos que será un severo juicio. Sin embargo, el hecho de sentirnos
atrapados en esa situación puede aumentar nuestra agitación y hacer que llamemos más la atención. Una vez liberados de la situación, quizá evitemos
volver a ese lugar porque suponemos que la gente nunca olvidara nuestra
conducta y nos mirara y señalara si nos vuelven a ver. A veces podemos sentir más bochorno o “corte” que vergüenza. El bochorno se puede considerar una forma mucho más leve
de vergüenza donde las debilidades o
defectos que revelamos a otros
no son esenciales para nuestra
identidad social (por ejemplo, equivocarse con el nombre de una persona aunque ya hayamos hablado con ella varias veces; yo mismo
recuerdo haber dado una clase a unos
estudiantes que , tras escucharme atentamente, me comunicaron que me había
equivocado de aula). En casos como estos, nos podemos reír de nosotros mismos
(Por ejemplo:” Perdona que no me acuerde de tu nombre. Siempre me pasa lo
mismo. Tengo muy mala memoria. Hasta me olvidaría
de mi propio nombre si no fuera porque
me lo recuerda mi mujer”); sin embargo, en el casos de la vergüenza, el fallo
suele ser demasiado doloroso para dar lugar a un toque de humor.
Hasta ahora nos hemos concentrado en la vergüenza externa (es
decir, revelar nuestras imperfecciones a otras personas y ser juzgados negativamente por ellas); pero también podemos
experimentar una vergüenza interna en la
que nos menos preciamos por no dar la talla en relación con “Algún
ideal o modelo interiorizado” Por ejemplo, podríamos beber mucho cuando estamos solos para soportar las impresiones de trabajo y condenarnos por ser débiles y “
no saber sobrellevar la tensión como los demás”. Probablemente también sentiríamos
ansiedad ante la posibilidad también sentíamos ansiedad ante la posibilidad de
revelar nuestro “vergonzoso secreto” a otras personas o d lo descubrieran, por
temor a que también ellas nos despreciaran
por nuestra “debilidad”.
Para empezar a afronta nuestra vergüenza, lo mejor es
aprender a separar nuestra conducta de nosotros mismos (Po ejemplo: “Puede que
haya actuado tontamente, pero eso no significa que sea tonto”; “Bebo para soportar
la tención y ya que en el fondo no me ayuda,
pero eso no significa que sea débil”) Si estas acciones no significan que seamos “tontos “o “débiles”.

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