jueves, 15 de agosto de 2013

Ira


El tema principal de la ira es alguna forma de transgresión percibida contra uno mismo. Esto puede ocurrir en tres aéreas principales. En primer lugar, cuando vemos bloqueados o frustrados de algún  modo nuestros intentos de alcanzar una meta importante (por ejemplo: “¿Por qué demonios esos cabrones no me habrán dado el acenso? Saben lo mucho que me he esforzado por conseguir ese puesto”). En segundo lugar, cuando se ha violado alguna regla personal importante (por ejemplo: “Cuando le digo  buenos días lo menos que puede hacer es  responderme, ¡imbécil de mierda!”).  Naturalmente, podemos estar enojados con nosotros mismos por haber incumplido nuestras propias reglas (por ejemplo: “Dije que no volvería a fumar. ¿Por qué no puedo mantenerme firme”). En tercer lugar, cuando nuestro amor propio parece amenazado de algún modo. (Por ejemplo, insultamos a un amigo llamándolo miserable cuando nos pide que le devolvamos el dinero que  nos presto porque al hacerlo  nos ha recordado, queriendo o sin querer,  que no le devolvimos el dinero  el día que nos habíamos comprometido  a hacerlo).

Cuando estamos enfadados podemos agredir física o verbalmente (contraatacar) o, si creemos que no es una respuesta adecuada  en ciertos casos (Por ejemplo, contra nuestro jefe), podemos  desviar  nuestra agresión hacia otra persona  o algún objeto  (Por ejemplo,  gritar  a nuestra pareja o romper la vajilla). En lugar de atacar podemos retirarnos de la situación, como cuando abandonamos furiosos una reunión o una relación. Podemos ser  reacios a vengarnos de alguien directamente (Por ejemplo, ridiculizarlo a un ex pareja  delante de sus nueva  pareja) y hacerlo de una manera indirecta. La expresión  indirecta  de represarías  se llama agresividad pasiva. Se ha demostrado que la ira y hostilidad prolongadas  aumentan el riesgo de sufrir  enfermedades cardíacas y otros trastornos  físicos. Podemos pensar que son los demás los que debe cambiar, y no nosotros porque son ellos la causa de nuestra ira. Sin embargo, seguiremos atrapados por nuestra ira porque es muy improbable que los demás satisfagan nuestros deseos.


Hauck explica la mejor manera de afronta la ira: “Para superar la ira, primero debemos superar una idea que se nos ha enseñado toda la  vida: que nuestra ira provoca  la de los demás”. Cuando nos enfrentamos a circunstancias  que nos produce frustración o a personas que nos tratan mal, podemos elegir como responder; si en lugar de sentirnos fastidiados o irritados acabamos “explotando” es que hemos pulsado nuestro botón de la ira.

No hay comentarios:

Publicar un comentario