El tema principal de la ira es alguna forma de transgresión percibida
contra uno mismo. Esto puede ocurrir en tres aéreas principales. En primer
lugar, cuando vemos bloqueados o frustrados de algún modo nuestros intentos de alcanzar una meta
importante (por ejemplo: “¿Por qué demonios esos cabrones no me habrán dado el
acenso? Saben lo mucho que me he esforzado por conseguir ese puesto”). En
segundo lugar, cuando se ha violado alguna regla personal importante (por
ejemplo: “Cuando le digo buenos días lo
menos que puede hacer es responderme, ¡imbécil
de mierda!”). Naturalmente, podemos
estar enojados con nosotros mismos por haber incumplido nuestras propias reglas
(por ejemplo: “Dije que no volvería a fumar. ¿Por qué no puedo mantenerme firme”).
En tercer lugar, cuando nuestro amor propio parece amenazado de algún modo.
(Por ejemplo, insultamos a un amigo llamándolo miserable cuando nos pide que le
devolvamos el dinero que nos presto
porque al hacerlo nos ha recordado,
queriendo o sin querer, que no le devolvimos
el dinero el día que nos habíamos comprometido
a hacerlo).
Cuando estamos enfadados podemos agredir física o
verbalmente (contraatacar) o, si creemos que no es una respuesta adecuada en ciertos casos (Por ejemplo, contra nuestro
jefe), podemos desviar nuestra agresión hacia otra persona o algún objeto (Por ejemplo,
gritar a nuestra pareja o romper
la vajilla). En lugar de atacar podemos retirarnos de la situación, como cuando
abandonamos furiosos una reunión o una relación. Podemos ser reacios a vengarnos de alguien directamente
(Por ejemplo, ridiculizarlo a un ex pareja
delante de sus nueva pareja) y
hacerlo de una manera indirecta. La expresión indirecta
de represarías se llama
agresividad pasiva. Se ha demostrado que la ira y hostilidad prolongadas aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas y otros trastornos físicos. Podemos pensar que son los demás los
que debe cambiar, y no nosotros porque son ellos la causa de nuestra ira. Sin
embargo, seguiremos atrapados por nuestra ira porque es muy improbable que los demás
satisfagan nuestros deseos.
Hauck explica la mejor manera de afronta la ira: “Para superar la ira, primero debemos
superar una idea que se nos ha enseñado toda la
vida: que nuestra ira provoca la
de los demás”. Cuando nos enfrentamos a circunstancias que nos produce frustración o a personas que
nos tratan mal, podemos elegir como responder; si en lugar de sentirnos
fastidiados o irritados acabamos “explotando” es que hemos pulsado nuestro botón
de la ira.

No hay comentarios:
Publicar un comentario