jueves, 19 de septiembre de 2013

Aplazar las cosas (Parte I)



Entre las conductas elusivas y las racionalizaciones que las acompañan cabe citar las siguientes:

      Contemplar la tarea que hay que realizar pero sin emprenderla; por ejemplo, tenemos que colocar unas estanterías pero nos sentamos en el sofá mirando la pared y pensando: “Antes de empezar, tengo que mentalizarme”. Pensar desde el sillón no nos ayudara a “mentalizarnos” para realizar la tarea, pero empezar a trabajar en ella, sí.

  No emprendemos las tareas hasta el último minuto porque “trabajamos mejor bajo presión”. Para comprobar esta afirmación, haría falta comparar la calidad de nuestro trabajo “de última hora” con un trabajo realizado con tiempo. Esto podría revelar que el verdadero problema es, simplemente, la “paliza” de tener que dedicar más tiempo a la tarea. Trabajar bajo presión significa tener que “acabar el trabajo a toda prisa, no poder reunir todo el material necesario para hacerlo bien, tener poco tiempo para examinarlo y repasarlo y, con frecuencia, tener que despacharlo de una manera relativamente inacabada”.

    Cuando decimos “ya lo haré mañana”, seguramente intentamos convalecernos de que el trabajo es “pan comido”. Pero, en realidad, ese “mariana” no es el día siguiente, sino un punto indeterminado del futuro. Como los letreros de ciertos establecimientos donde se dice “Hoy no se fía, mañana sí”, la promesa de actuar mañana nunca se acaba de cumplir. Actuar hoy puede suponer menos preocupaciones y más oportunidades para mañana.


   Una variación del tema “ya lo haré mañana” es hacer que la acción futura dependa de resolver algún problema actual (por ejemplo; “Empezaré a pedir a alguna chica que salga conmigo cuando haya perdido un poco de peso en el gimnasio y me sienta con más confianza”). En este caso, distraernos con estas actividades —perder peso y estar en mejor forma—, que también podemos emprender a medias o simplemente abandonar, nos impide afrontar nuestro verdadero problema: el miedo al rechazo y el consiguiente autodesprecio (“A las mujeres no les van los tripudos como yo”).

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