La ansiedad, la BTF y la rebelión
pueden coincidir en un solo caso de indecisión. Por ejemplo, nuestro jefe nos
dice que impartamos un taller sobre la mejora de la eficacia en el puesto de
trabajo, pero aplazamos la tarea de encontrar una fecha porque estamos
enfadados con él por habernos “cargado
con ese marrón en lugar de contratar a un profesional". Además del temor a
fracasar y a quedar como unos incompetentes, la indecisión también supone hacer
de mala gana todo el trabajo preparatorio.
La gente indecisa suele “fallar”
en dos áreas principales: el desarrollo y el mantenimiento de carácter personal.
El desarrollo persona se refiere a los esfuerzos por alcanzar objetivos como
cambiar de trabajo o de carrera, buscar pareja o desarrollar una vida social
satisfactoria.
El mantenimiento personal supone emprender tareas que hagan la
vida más fácil, como hacer las tareas domésticas, pagar las facturas a tiempo,
poner la correspondencia al día o reparar el automóvil. La decisión en estas áreas
suele aumentar la frustración y reducir las satisfacciones de la vida.
“Prácticamente
cualquier conducta puede ser objeto de indecisión”

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