Una de las habilidades más
importantes del Coaching consiste en ayudar a los demás a definir y consolidar
objetivos. Como ya he señalado en la Introducción
de este libro, más que hacia los problemas, las metodologías de Coaching se
enfocan hacia las soluciones y se orientan hacia los resultados. Sin duda, en
ausencia de un objetivo, no es posible establecer ningún sistema de recompensas
o realimentación.
El diccionario Webster define el objetivo como «el fin hacia el que se
dirigen el esfuerzo o la ambición», y como «condición o estado por conseguir
mediante una determinada línea de acción». Así pues, un objetivo es básicamente
el estado o el resultado deseados por el individuo o el grupo.
Es la respuesta a la pregunta:
«¿Qué quiere usted?». Los objetivos son la fuente de la motivación y pueden
estimular poderosos procesos de auto organización susceptibles de movilizar
recursos, tanto conscientes como inconscientes.
Los objetivos constituyen una
característica básica de las técnicas, las estrategias y las intervenciones de
la Programación Neurolingüística. Se ha dicho que «si no quieres nada, la PNL
no es para ti».
Dada su relevancia, es importante
que los coaches ayuden a sus clientes a establecer objetivos apropiados y
significativos. En este sentido, el buen coach se parece un poco al taxista. La
primera pregunta que éste le hace a su cliente es: «¿Adónde quiere ir?». Por
supuesto que puedes responderle:
«Estoy harto de aquí, he tenido
un montón de problemas. Ha sido horrible». Sin embargo, tras escucharte
pacientemente y compadecerte de todo corazón, el taxista te repetirá
respetuosamente la misma pregunta: «Así pues, ¿adónde quiere que le lleve?». Tú
puedes seguir en tus trece y decirle algo así como: «No quiero ir al
McDonald's, y la última vez que fui al Zoo lo pasé fatal. Y, desde luego, no
quiero ir a ningún sitio donde haga frío». De nuevo tendrás toda la simpatía
del taxista, pero te volverá a preguntar: «Entonces, ¿adónde le llevo?».
Inducir objetivos y resultados de
los clientes del coaching puede resultar a veces tan complicado como la tarea
del pobre taxista de nuestro ejemplo. Lo más habitual es que, cuando acuden a
la consulta, los clientes tengan mucho más claro lo que NO quieren que lo que
quieren.
Las descripciones que siguen
esbozan algunos de los métodos utilizados para definir objetivos. Cada uno de
ellos arroja su propia luz sobre la naturaleza real del estado deseado por el cliente.

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