«No saber» y «exteriorización»
son estados especiales que ayudan a las personas a obtener acceso a procesos inconscientes.
Casi todos los realizadores creativos y con éxito admiten la importancia de
esta clase de procesos en su trabajo y en sus logros. Parece ser que, una vez
establecidos todos los circuitos apropiados (como resultado del cuidado, de la
guía, del coaching, de la enseñanza, de la tutoría y del patrocinio), el
siguiente paso importante consiste en maximizar la competencia inconsciente,
apartarse del camino del propio proceso y dejarlo actuar por sí mismo.
Muchas personas creativas
aseguran tener sus mejores ideas en momentos en los que no están directamente
implicadas en el problema o la cuestión que tratan de resolver, como por
ejemplo cuando se están duchando por la mañana. Unas cuantas de estas personas han
dicho algo parecido a «Me lleno la cabeza con cuanta información puedo
conseguir hasta quedar completamente exhausto y sentir que ya no me cabe nada
más, y me voy a dormir. Cuando me despierto, ¡tengo la respuesta!». Mozart
describió su proceso creativo para la composición musical como formando parte
de un «sueño vívido y agradable». Leonardo da Vinci fue incluso más allá al
sugerir ciertos procesos para estimular asociaciones inconscientes sobre la
base de mirar fijamente paredes en blanco, o al describir métodos para la
producción de estados mentales parecidos a la ensoñación en vigilia.
Está claro que el vínculo entre
lo consciente y lo inconsciente constituye un elemento clave para el
«despertar». De hecho, una gran parte de la experiencia del despertar implica
traer a la conciencia lo que ya conocemos al nivel inconsciente.
Sigmund Freud señaló que «los procesos mentales son esencialmente inconscientes», y que
«aquellos que son conscientes son meramente actos aislados y partes de la
totalidad de la entidad psíquica». Freud mantenía que la mayoría de los
procesos que tienen lugar en el sistema nervioso ocurren al margen de nuestra
percepción consciente. Asegurando que «la
aceptación de los procesos mentales inconscientes representa un paso decisivo
hacia una nueva orientación en el mundo y en la ciencia», afirmaba:
Resolvemos pensar en la conciencia o
inconsciencia de un proceso mental como una más de sus cualidades, no
necesariamente definitiva...
Todo proceso pertenece en primer lugar
al sistema psíquico inconsciente desde el cual puede, bajo determinadas
circunstancias, avanzar hacia el sistema consciente.
Las personas que demuestran
maestría o excelencia en este mundo gozan de una relación de alta calidad entre
el consciente y el inconsciente.
Encuentran continuamente formas
de expandir y desarrollar la calidad de esta relación entre esta pequeña
porción que denominamos «conciencia» y la inmensidad del inconsciente. La
conciencia se nutre de esta unidad mayor o inconsciente, afectando a la calidad
de la relación entre ambos.
Quienes experimentan la maestría
comprenden también que esta relación constituye un proceso en marcha, una
evolución que se expande con el paso del tiempo.
Desarrollar la calidad de la
relación entre consciente y inconsciente implica equilibrio entre práctica y
espontaneidad. A veces es importante para nuestro objetivo «carecer de
objetivo». Llega un momento en todo aprendizaje en el que todo cuanto tenemos
que hacer es actuar de forma completamente espontánea. En este momento ya no
hay reflexión, sino tan sólo el bucle sistémico entre las mentes consciente y inconsciente,
y entre nosotros y el mundo exterior.
En las artes marciales como el
Aikido, por ejemplo, te subes al tatami y practicas y practicas. Luego, cuando
estás ante un oponente, no te paras a hablar contigo mismo o a pensar lo que
estás haciendo. Ni siquiera te planteas de antemano qué maniobra vas a
realizar. Realmente no sabes qué vas a hacer con tu oponente hasta que
interactúas con él, porque estás inmerso en una danza con el mundo exterior.
Gregory Bateson señaló que un
maestro sabe cuándo debe utilizar el «pensamiento amarrado» de la mente
consciente cognitiva, y cuándo debe usar el «pensamiento suelto» de la mente inconsciente,
más creativa. Milton Erickson, maestro de maestros en hipnoterapia, utilizaba
la metáfora del caballo y su jinete para describir la interacción entre las
mentes consciente y inconsciente, asimilando el jinete a la primera y el
caballo a la segunda. Sin duda alguna, quien haya montado sabrá por propia
experiencia lo que sucede cuando el jinete quiere ir en una dirección y el
caballo en otra. Ninguno de los dos alcanza fácilmente su destino, y lograrlo
requiere mucho tiempo y un gran dispendio de energía.
Es, pues, importante disponer de
estrategias y métodos para desarrollar continuamente esta relación entre
nuestros procesos conscientes y inconscientes. La meditación, la oración y la
autohipnosis son algunos de estos métodos. Se trata de procesos que requieren
que toda la unidad mental participe de forma completa y honrada, como diría
Gregory Bateson, los estados de meditación, oración y autohipnosis se asemejan
a los de «no saben» y
«exteriorización» en la medida en que se caracterizan por:
a.
La
utilización de la visión periférica (en oposición a la frontal).
b.
Atención
centrada en los sonidos externos (ausencia de diálogo interno).
c.
Fisiología
relajada (ningún exceso de tensión emocional o física).
Al parecer, éstas son las cualidades
clave para crear el puente entre la conciencia y el inconsciente.
La ensoñación constituye un
estado alterado o «diferente del estado consciente», que puede ser también
utilizado para expandir los procesos de pensamiento y aprendizaje, así como para
revisar la información existente e integrar nueva información. Podemos utilizar
los sueños para revisar el día transcurrido con la intención de explorar qué
aspectos de ese día han funcionado bien y cuáles quisiéramos cambiar en el
futuro. Los sueños pueden ser empleados para buscar respuestas a las preguntas,
a los retos o a las opciones a que nos enfrentemos. El inconsciente no piensa
en términos literales o materiales, sino en términos de relaciones, patrones y
patrones de relaciones. Lo que la mente inconsciente ofrece a la mente
consciente durante el sueño es metafórico. Por consiguiente, la mejor
estrategia consiste en aceptar los sueños como metáforas y confiar en
comprender la enseñanza implícita.

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