viernes, 23 de agosto de 2013

Envidia




Cuando sentimos envidia deseamos (codiciamos) la buena  suerte o las ventajas  de otra persona. 

La envidia se puede distinguir de los celos en que la primera se refiere a dos personas (por ejemplo: “¿Por qué mi hermana se liga a todos  los hombres atractivos si yo soy tan guapa como ella?”), mientras que los celos se refieren a tres (por ejemplo:” ¿Y ese tío por que en rolla con mi mujer? ¿Se la quiere ligar o qué?”). Aquí distinguiremos entre la envidia mal sana y al envidia sana.

 En la envidia malsana (que a veces  pude llegar a ser malintencionada), solemos compararnos desfavorablemente con la persona que tiene lo que deseamos (por ejemplo: “me esfuerzo tanto como ella  pero a ella todo le va bien y yo  parece que este gafada”), podemos rebajar el valor  de lo que deseamos (por ejemplo: “Reconozco que está muy buena, pero es más tonta que un zapato. Así que todita para el”), podemos convencernos de  que en realidad estamos mejor si lo deseamos e incluso  de que somos superiores  de algún modo (por ejemplo: “Ganar tanto dinero no le va a traer más que dolores de cabeza. 

No se lo envidio en lo mas mínimo. La verdad es que se lleva una vida más honrada y equilibrada sin necesidad de tanto dinero”), podemos convencernos de que lo que tenemos es igual o mejor  que lo que tiene la otra persona (por ejemplo: “Mi coche  será más antiguo, pero seguro que dura más que es trasto que acaba de comprar”), podemos convencernos de que conseguiremos lo que la otra persona tanto si lo necesitaba.

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