Cuando sentimos envidia deseamos (codiciamos) la buena suerte o las ventajas de otra persona.
La envidia se puede
distinguir de los celos en que la primera se refiere a dos personas (por
ejemplo: “¿Por qué mi hermana se liga a todos
los hombres atractivos si yo soy tan guapa como ella?”), mientras que
los celos se refieren a tres (por ejemplo:” ¿Y ese tío por que en rolla con mi
mujer? ¿Se la quiere ligar o qué?”). Aquí distinguiremos entre la envidia mal
sana y al envidia sana.
En la envidia malsana (que a veces pude llegar a ser malintencionada), solemos
compararnos desfavorablemente con la persona que tiene lo que deseamos (por
ejemplo: “me esfuerzo tanto como ella
pero a ella todo le va bien y yo
parece que este gafada”), podemos rebajar el valor de lo que deseamos (por ejemplo: “Reconozco
que está muy buena, pero es más tonta que un zapato. Así que todita para el”), podemos
convencernos de que en realidad estamos
mejor si lo deseamos e incluso de que
somos superiores de algún modo (por
ejemplo: “Ganar tanto dinero no le va a traer más que dolores de cabeza.
No se
lo envidio en lo mas mínimo. La verdad es que se lleva una vida más honrada y
equilibrada sin necesidad de tanto dinero”), podemos convencernos de que lo que
tenemos es igual o mejor que lo que
tiene la otra persona (por ejemplo: “Mi coche
será más antiguo, pero seguro que dura más que es trasto que acaba de
comprar”), podemos convencernos de que conseguiremos lo que la otra persona
tanto si lo necesitaba.

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