El tema principal de la culpa es una violación o un desliz
de carácter moral. Podemos sentirnos culpables de acciones que básicamente nos
afectan a nosotros (por ejemplo, no
seguir un régimen o tener pensamientos “obscenos” o de las consecuencias de nuestras
acciones que pueden perjudicar a otras personas. Los actos que afectan a los demás se suelen
dividir en actos de obra ( es
decir, algo que hemos hecho, como, por
ejemplo: “Mi mujer quedo desecha cuando se entero de que me había liado con su hermana”) y actos de omisión
(es decir, algo que no hemos hecho, como
por ejemplo: “Mi compañero necesitaba desesperadamente hablar con alguien de sus problemas pero yo no le hice caso. Ahora está en el
hospital por una sobre dosis”). Esta división también se aplica a las acciones que no
tienen que ver con los demás (por ejemplo: “Hoy no te he rezado”, un acto de obra en el
caso de un judío ortodoxo). La culpa y
la vergüenza se suelen considerar intercambiables, pero tienen tantas
similitudes como diferencias. Como explica
Wessler y Wessler:
La culpa y la vergüenza, surgen del mismo tipo de ideación y, por lo que sabemos, produce el mismo tipo de excitación.
Las dos suponen hacer algo que se considera
malo, estúpido o erróneo. La diferencia reside en la sede de la evaluación, que se extrema para la
vergüenza e interna para la culpa. La vergüenza surge de recibir la reprobación
de otros; la culpa, de recibir la reprobación
de uno mismos. En ambos casos, la conclusión
es: “no soy bueno”.
Cuando nos sentimos culpables podemos intentar “repara el
daño” (por ejemplo, pidiendo perdón a quien creemos haber perjudicado o colmándole de regalos o afecto); quizás creamos merecer
alguna forma de castigo y nosotros mismos no lo administramos (por ejemplo, con
una sobredosis)o dejamos que lo
hagan otros (por ejemplo, recibiendo una
paliza); podemos intentar insensibilizarnos al dolor de la culpa (por ejemplo,
con alcohol, drogas, o trabajando en exceso ) o nos podemos prohibir cualquier placer
hasta haber expiado nuestros pecados. Las pautas de conducta de la culpa
difieren de las de la vergüenza,
que suponen “ocultar, esconder, disimular o hurí”.
Una técnica esencial
para afrontar la culpa es evaluar
nuestro grado de responsabilidad en relación con el suceso por el que
nos sentimos culpables (podemos suponer que
somos plenamente responsables del
mismo).
La técnica de
redistribuir la responsabilidad por unos hechos (también conocida como “retribución
“no tiene como objetivo “librarnos” de ella si realmente somos los principales responsables.

No hay comentarios:
Publicar un comentario