martes, 25 de junio de 2013

No Ignores lo pequeño


“Para llevar a cabo grandes empresas, el primer requisito es tener confianza en uno mismo”.
Samuel Johnson.
Este consejo hace milagros para adquirir más confianza en notros mismos. El poder, la seguridad y el éxito son elementos que van todos de la mano. El secreto es no dejar pasar por alto el menor detalle: acostúmbrate a pedir explicaciones en el momento sobre lo que te molesta, o tan pronto como sea posible y adecuado. Parecerá fácil dejar que los pequeños comentario negativos y las indirectas sutiles te resbalen y no produzcan, en apariencia, efecto alguno. De modo que muchos de nosotros caemos en el error de asumir que es mejor dejar pasar esa pequeñeces y guardar nuestra energía para las grandes cuestiones. El problema con esta forma de ver las cosas es lo que cuesta.  Todos eso comentarios insignificantes se acumulan y minan tu autoestima. No ignores lo pequeño. Si lo haces, terminara por ser una montaña y explotarías. Hay que reaccionar e informar a la otra persona en el mismo momento: “¿Te das cuenta de que dejaste los platos sucios sobre la mesa?”. No hagas lo que yo solía hacer, o sea, recogerlos y decirme: “Bueno, es solo un pequeño detalle”. Y me apuntaba un punto por ser el bueno de la película. Deja de hacer el papel de santo o la santa y comienza a informar a los demás de lo que te fastidia.
Las personas verdaderamente grandes no toleran las conductas desagradables. Si un compañero o compañera de trabajo te hace alguna observación negativa del tipo: “Realmente no heces más que tonterías”, en lugar de dejarlo pasar, simplemente dile: “¿Te das cuenta que eso ha sido un comentario hiriente?”, o “Oye, eso me ha dolido”, o bien la respuesta que sirve para todo: “Esa observación no tiene sentido”. No es muy difícil acabar con esos comentarios destructivos, vengan de los amigos, la familia,  los compañeros de trabajo o completos desconocidos. Solo hace falta un poco de práctica, pero si sigues el modelo de comunicación en cuatro pasos (consejo 6) y mantienes tu voz en un tono neutro, pronto veras que la gente no volverá a molestarte con ese tipo de descalificaciones. Nunca más volverás a ser el bueno o la buena, pero mantendrás tus relaciones claras y tu autoestima elevada.
A medida que comiences a poner tus limites, también serás consiente del gran numero de comentarios y observaciones desagradables que has tenido que soportar. A la mayoría de nosotros nos enseñaron  que no hacer caso de ello es ser amable. No estamos acostumbrados a poner las cosas en claro sobre la marcha. De modo que al principio es probable que pierdas la oportunidad de hacerlo en el mismo momento que sucede. June, una de mis clientas, estaba aprendiendo a bailar el swing de la costa oeste.  Se deslizaba por toda la sala con su amigo, que sabia llevarla, de modo que june daba la impresión de bailar muy bien. Un hombre vino y la invita a bailar, y aparentemente, ella no podía seguirlo. El  hombre estaba muy frustrado por la inexperiencia de su compañera, así es que le dijo: “Oye, que torpe eres”.  June quedo tan afectada por ese comentario, que no pudo responderle en absoluto. Más tarde, comprendió que podría  haberle informado en un perfecto tono neutro: “Tu comentario ha sido muy grosero”. Ahora, June sabe enfrentarse a las situaciones en al acto. Justamente, hace unos días me dijo con gran regocijo que había reforzado un límite en su trabajo. Su jefe se había ido de vacaciones, dejando a su hijo, un muchacho de edad universitaria, para que se ocupara del negocio. Sintiéndose henchido de poder, ese chico comenzó a criticar a los empleados y a lanzar pequeños comentarios sarcásticos. Mi clienta se sentía muy molesta, porque se daba cuenta que esa conducta no era aceptable, y con serenidad y firmeza le informo que ella no estaba dispuesta a aceptar su insinuación de que estaba robándoles ventas a otras personas.  Agrego que era incapaz de hacer algo así, y le pidió que le explicara las razones de su comentario. Desconcertado, el muchacho le contesto que solo bromeaba y la cosa termino ahí. June estaba contenta de haberlo puesto en su lugar.
No siempre podrás responder de inmediato, pero si sientes que un comentario es hiriente o que esta fuera de lugar, no dudes en llamar lo antes posible a la persona que lo haya hecho para aclarar las cosas. Por ejemplo: Bob, “¿Te das cuenta de que el comentario que hiciste ayer a medio día fue grasero? Todavía me duele. Espero que te disculpes”.
Muchas personas creen que es demasiado tarde y deciden no hacer nada. Esa actitud está bien si puedes realmente dejarlo pasar, pero no te engañes. La mayoría de la gente sigue guardando rencor años después. El hecho de que June se acordara aun del incidente en el baile es una señal de que la hirió. Si lo hubiera enfrentado sobre la marcha, dudo de que lo recordase todavía. Esas cosas representan una importante pérdida de energía. Es mucho mejor protegerse e informar a la otra persona tan pronto como sientes la ofensa.
Si todavía recuerdas algún comentario que tu primo hizo hace quince años, lo mejor será que lo aclares de una vez por todas, en lugar de esperar otros quince años más. Hablo muy en serio. Si aun le das vueltas a un comentario o un insulto, eso significa que no lo has perdonado. De modo que debes resolverlo de una vez. Llama a la persona en cuestión, dile que te ha estado molestando durante mucho tiempo y que quieres aclararlo, y con seguridad, Explícale los hecho tal como los recuerdas. Limítate a describirlos, sin cargarlos emotivamente. Puede que esa persona comparta tu visión del incidente, o bien que ni siquiera lo recuerde. Mucha gente será amable y te pedirán disculpas con sinceridad.
Otros se pondrán a la defensiva, en cuyo caso es probable que no haya utilizado un tono de voz neutro. De hecho, no tiene importancia la manera en que respondan. La cuestión es que tú digas lo que no pudiste decir durante años y pidas a la otra persona que se disculpe o que subsane de alguna manera el daño si es el caso, Entonces podrás decirle que la has perdonado. Tomemos el caso de  James. Su novia la había regalado un esplendido viaje para su cumpleaños: dos semanas de vacaciones en Israel para presentarle a su familia.  Lamentablemente James se olvido consultar con su jefe las fechas de sus vacaciones. Sus compañeros de trabajo ya habían decidido las fechas, y cuando James explico la situación, se negaron a hacer cambios por que ya habían hecho sus propios planes. Les pidió a todos  y cada uno si podían hacerle el favor de cambiar la fecha de sus vacaciones, pero todos contestaron que no, de modo que tuvo que cancelar el viaje. Pues bien James estaba muy furioso con sus colegas y con su jefe. Al cabo de tres años, seguía resentido con ellos, aunque ya lo habían ascendido y cambiado de departamento. Le pedí que llamase a esas personas, que les explicase los hechos y les preguntase por que no habían querido cambiar las fechas de sus vacaciones. James  no quiera aceptar esa tarea porque pensaba que no serviría  de gran cosa. Insistí que lo probase. Llamo entonces a una compañera de trabajo y le dijo que deseaba aclarar un problema. Le comento la situación y le pidió que le explicara las razones por las que se había negado a cambiar las fechas de sus vacaciones. La compañera respondió que no sabía que es cambio significara tanto para él, y que si bien mas adelante termino por cambiar sus planes de vacaciones, en aquel momento parecían inamovibles. De pronto, James se dio cuente de que había estado resentido sin motivo alguno, y que había gastado mucha de su energía. Ni siquiera se molesto en llamar a los demás, porque el incidente se dilucidó con esa única conversación. Comprendió que se lo había tomado como una ofensa personal cuando de ningún motivo era así.
Por lo general, llegamos a este punto, la gente suele preguntar:” ¿No pensaran los demás  que uno es demasiado sensible?”. Diles la verdad, que lo eres y que te gustaría que te traten con respeto. Ser sensible no es pecado. Al contrario, gracias a tu sensibilidad, siente y percibes emociones  y los pensamientos sutiles de los demás antes incluso que ellos mismos. Cuanta más sensibilidad poseas, mayores serán  los límites que deberás poner. Por lo tanto, asegúrate  de que sean amplios (consejo 5).
A veces, mis clientes confunden límites con muros. Un límite define lo que los demás puede o no hacerte. De hecho, son precisamente esos límites lo que les permite mantener una relación estrecha contigo. Su inexistencia provoca  que una persona se sienta herida con facilidad y decida  protegerse levantando muros y colocando barreras para guardar las distancias. Cuando tus límites están definidos, automáticamente sientes una mayor seguridad, amén de que puedes abrirte a las personas  que los respetan y aceptan. Pero, cuidado, habrá quienes no estén dispuestos a hacerlo, quizás necesites alejarte de ellos,  romper la relación o incluso cambiar de trabajo.
A otros de mis clientes les preocupa dar la impresión de ser quisquillosos o de tener reacciones imprevisibles y crear problemas por cuestiones insignificantes. Pues bien la realidad es exactamente al revés. Cuantos mayores sean ut claridad y tu firmeza en el planteo de las situaciones, menor será la posibilidad de que acabes quejándote de tu suerte.  Pasado un tiempo, no necesitaras decir nada, porque inconscientemente los demás sentirán la presencia de tus límites y no osaran atravesarlos. Piensa en las personas  cuya mera presencia hace que las trates con respeto. Luego están a aquellos de los que sueles reírte. La diferencia entre ambos es que los primeros tienen lugar toda una serie de pequeños abusos, perdemos la serenidad y actuamos de modo poco profesional. Con educación, pon las cosas en su lugar en el mismo momento. Nadie se burlara de ti. Te respetaran.
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