“Nadie puede hacer que te sientas inferior si tú no se lo permites”.
Eleanor Roosevelt.
En la Coach University, aprendí un modelo muy sencillo de comunicación en cuatro pasos para protegerte del comentario desagradable. Cada vez que una persona te hiere o te molesta, es porque tú se lo permites. He aquí cómo frenar ese tipo de conductas de manera afectiva y elegante. (En este apartado las mujeres tienden a ser muy particularmente débiles.)
1. Informar: “¿Te das cuenta de que estas gritando?”, o “¿Te das cuenta de que ese comentario es hiriente?” O bien: “No te he consultado sobre esa cuestión”. Si la persona continua con su inaceptable conducta, pasa al segundo paso, pero no nunca antes de haber dado el primero.
2. Pedir: “Por favor, deja de gritarme”. O: “Solo te he pedido una crítica constructiva”. Si la persona todavía no entiende y continua actuando del mismo modo, prueba con el tercer paso.
3. Exigir o insistir: “Insisto en que dejes de gritarme ahora mismo”. Si la persona aun persiste con su conducta, da el siguiente paso.
4. Irse (sin entrar en la discusión ni responder de mala manera): “No puedo continuar con esta conversación si sigues gritándome. Me voy. Si, a partir de ahí tu relación con esa persona no se modifica, puede que necesites dejarla o bien hacer terapia. Quienes te quieren de verdad respetan tus límites.
La clave del éxito con estos cuatro pasos es hablar con un tono de voz neutro. No levantes la voz ni hables más bajo de lo habitual. Mantén la calma. Tú sabes cuando hablas con pasión, con ánimo de crítica o bien con ira. Recuerda que estas informando a la otra persona. Hazte a la idea de seguir esos cuatro pasos con el mismo tono de voz con el que dirías: “El cielo es azul”. Que tu tono de voz sea neutro, sin expresar emoción y agitación. De ese modo, podrás decirle lo que quieras a la otra persona. Ahora Susan (consejo 5) sabía como enfrentarse a su jefe la próxima vez que le gritase. Utilizo esta modelo de comunicación en cuatro pasos para informarle con un tono de voz neutro. En este punto debes tener mucho cuidado. Corres el riesgo de perder tu trabajo si no consigues ese tono de voz, de modo que te conviene practicar antes con tus amigos y tu familia, hasta que tengas la seguridad necesaria para hacerlo. Susan cometió un pequeño error en su trabajo al día siguiente, y como de costumbre, su jefe comenzó a descargar su furia contra ella. Susan, con mucha tranquilidad y sin menor matiz de sarcasmo o de critica en su voz, le dijo: “¿Se da cuenta usted que me está gritando?”. Su jefe quedo completamente desarmado, y entonces Susan agrego: “Por cierto, quiero hacer el trabajo lo mejor posible, y la verdad es que trabajaría mucho mejor si me señalara los errores en un tono más sereno”. El jefe se Susan se calmo de inmediato, le pidió disculpas y luego la invito a comer. Evidentemente, este modelo es una manera de comunicarse muy poderosa y atractiva.
Llegados aquí, probablemente piensas: “Bueno eso es perfecto para Susan. Pero nunca podría hablarle así a mi jefe”. Francamente, eso es lo que responden todo mi cliente cuando les digo que necesitan informar a sus jefes de que acaban de cruzar un límite. La clave para manejar la situación con tu jefe está en la utilización de un tono de voz neutra y en hacer gala de mucho tacto. Nunca le pongas límites a tu jefe, ni a nadie más, delante de otra persona, y sobre todo, no lo hagas en medio de una reunión. También es útil saber ser sutil y hacer los comentarios pertinentes de forma casual. No te interesa crear un gran conflicto a partir de la conducta de tu jefe. Por ejemplo, un cliente mío llamado Lee, jefe de un departamento de un gran banco, tenía la impresión de que su jefa, la directora de la sucursal, que lo agobiaba con constantes reuniones de control, se había extralimitado en sus funciones. Esta mujer había citado una reunión a uno de los empleados del departamento de Lee sin informarle antes. Lógicamente, el no quería ofender a la directora, porque ella dependía, en parte, la cantidad de dinero en bonificaciones que iba a recibir. Al mismo tiempo, se sentía frustrado por la indiferencia que ella parecía mostrar frente a su gestión como jefe de departamento. Al día siguiente, la directora le llamo para hablar de ciertos informes y Lee menciono al pasar:”Me ha dicho John, mi cajero, que has concertado una reunión con él. Sería más fácil organizar el trabajo si, en el futuro, me informases acerca de tales reuniones”. No había más que decir Lee utilizo un tono informativo directo que, de un modo muy sutil, comunicaba a su jefa que había cruzado limites. Y creedme, Lee tenía un susto de muerte, pero lo hizo. Cuando en la siguiente ocasión, la directora de la sucursal quiso organizar una reunión, llamo primero a Lee y la programo con él.
Quedaba el problema del control agobiante de la directora. Le propuse a Lee que averiguase el tipo de información particular que ella quería, o, en caso de que no fuese algo especifico, que le presentase un breve informe de los resultados y las actividades de la semana, de manera que ella estuviese al tanto de lo que acontecía. Al cabo de un mes su directora le comunico que con una reunión mensual sería suficiente, y que podría seguir presentándoles sus informes semanales. Ahora Lee se había ganado la confianza de su jefa y tenia mas independencia en su trabajo. Otra de mis clientas, Marcia, acababa de hacer una enorme transición en su vida. De ser la fuente principal de ingresos de la familia, trabajando a tiempo completo en su profesión de ingeniero, había pasado hacer madre de tres hijos a tiempo completo. Después del nacimiento de su tercer hijo, había decidido dejar su trabajo y tomarse unos meses para gozar de la maternidad e iniciar una empresa propia gestionada desde sus casa. Esto conllevo una reducción repentina y drástica de dinero, provocando que Marcia se sintiese culpable de gastarlo y no aportar algo a la familia. Para terminar de arreglar las cosas, descubrió que la gente acostumbraba a hacer observaciones que la herían, del tipo:”Bueno, ahora que no trabajas tienes mucho tiempo para encontrar clientes para tu negocio”, o que desvalorizaban su necesidad de relación, como, por ejemplo:”Debe ser agradable estar en casa todo el día, con los chicos, y que y tu marido te mantenga”. Le señale que so demostraba que había desaparecido un de sus límites: que los demás no podían menospreciar su trabajo. Fue revelador. Marcia puso inmediatamente las cosas en su lugar. Al día siguiente, si marido la acompaño al hospital. Cuando la enfermera le pregunto qué trabajo hacia Marcia, el dijo: “Se ocupa de la familia”. Marcia se sintió infravalorada por el comentario, y comprendo que ahí había un límite que se había sobre pasado. Más tarde, hablo con su esposo acerca de lo sucedido. El no lo había dicho de una manera negativa, simplemente le había parecido lo más sencillo. Marcia le pido que, en el futuro, dijese que era una asesora de empresas y que diera el número telefónico del despacho. A él le pareció muy bien y estuvo encantado de hacerlo. Esto nos lleva a otro punto. Cuando informes a lo demás, el secreto está en dejarles la posibilidad de una salida elegante. Sin embargo, a menudo no lo hacemos. Permíteme demostrártelo. Tomemos el caso de Marcia. Cuando su marido respondió: “Lo siento, no lo dije en ese sentido” ella podría haberle dicho: “¡Si! Lo hiciste ¿Eres un soplón!”.
No te rías, todos lo hemos hechos alguna vez. No entres en una polémica. Si la otra persona no se disculpa, es lógico que le pidas que lo haga. A veces, una disculpa no es suficiente, y puede que tengas que pedir una reparación de estilo: “Bueno, está bien que me pidas disculpas por manchar mi traje de lino, pero supongo que me pagarías la tintorería”. Nuestra tendencia natural es no dar los primero pasos e ir directamente al tercero y el cuarto, y por lo general con un tono de voz que no es precisamente neutro. La clave es hablar con serenidad, aclarando las cosas inmediatamente (consejo 7).
Lo bueno es que, con el tiempo, no tendrás necesidad de poner límites, porque la gente no se atreverá hacerte un comentario desagradable. Existe otro efecto colateral interesante, en cuanto al refuerzo de los límites. Suponemos que, si reforzamos un límite, la gente no nos apreciara, o pensara que somos insistentes o agresivos, o quizás exigente. En realidad, sucede exactamente lo contrario. Cuando hayas establecido unos límites firmes, la gente dejara de tratarte como si fueseis camaradas de universidad y comenzara a respetarte. Serás el tipo de persona a quien todo el mundo respeta y trata con cortesía.
En el fondo, las personas saben muy bien que estas poniendo en evidencia y en realidad no se siente bien haciéndolo. Si lo permites, no solo te rebajas tú, sino que los rebajas a ellos. ¿Qué limites quisieras establecer ahora que sabes protegerte con elegancia? Trata de encontrar un mínimo de cinco, y anótalos.

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